EL AMBIENTE liberal de mi natal Cádiz debió contagiar al portavoz parlamentario del Partido Popular, Eduardo Zaplana que, al recoger el Premio 1812 con el que ha sido distinguido por el Club Liberal de la capital gaditana, dijo que su partido debe evitar un conservadurismo estéril. Si en vez de «evitar» hubiera dicho «abandonar», su breve discurso habría quedado redondo y hubiera sido el punto de partida que desde hace un año está pidiendo a gritos el Partido Popular para iniciar la recuperación del poder perdido por su pésima gestión de la crisis del 11-M, que se sumó a unos errores que, por sí solos, no le hubiera supuesto la derrota electoral. Lástima, en todo caso, que el liberalismo en el que se reconoció Zaplana al recoger el premio no ilustre también sus intervenciones en el Parlamento. Lástima que no se apliquen tanto él como su grupo a dar respuesta desde el centro liberal -que Zaplana defendió en Cádiz con tanto ardor- a los desafíos que tiene planteados España, para demostrar -como también sostiene- que es mejor que la que puede dar el socialismo, y no seguir instalados -él y su grupo- en el conservadurismo autocomplaciente, al que Zaplana le niega capacidad para responder a esos desafíos. Lástima, en fin, que el Partido Popular no recuerde, y actúe en consecuencia, que, como dijo Zaplana en el Club Liberal de Cádiz, sólo ha logrado alcanzar y mantener el poder cuando el PP ha sido vanguardia de las reformas. Y es que siguen instalados en el estéril conservadurismo o también en el más estéril todavía inmovilismo. Entran por esa vía a cualquier trapo, llámese matrimonio gay o llámese desmontaje de la estatua ecuestre de Francisco Franco a las puertas del ministerio de Fomento. Y cuando tienen asuntos con los que desgastar al gobierno, como el incomprensible papel del Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo o los indicios de que el gobierno habló por sí mismo o por intermediario con la banda ETA o el lamentable error de Zapatero yendo a la sede de la Asociación de Víctimas del 11-M, ignorando que hay otra de agrupa familiares de mil víctimas de los últimos cuarenta años, el Partido Popular opta por el tremendismo, por el eructo, por la descalificación, por el griterío, por la estéril bronca que a quien desgasta es precisamente a la oposición.