18 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.
David Cal es el mayor héroe olímpico de nuestra historia. Y aún no ha cumplido los 22. Un oro y una plata en Atenas llevaron al Olimpo a quien era el anónimo hijo de unos panaderos de Cangas. Buena persona. A diferencia de la soberbia a la que nos han acostumbrado los ídolos del fútbol, David tiene una pasta humana de oro y es incapaz de decir «no» a nada: conferencias, actos con críos, llamadas de los políticos... La fama pesa. La vida social se lleva mal con los entrenamientos. David nos implora una tregua. Bien la merece.