Nosotros, los buenos

ALFONSO DE LA VEGA

OPINIÓN

EL MIÉRCOLES se celebró un homenaje a Santiago Carrillo, personaje tenebroso, responsable junto con el Gobierno títere republicano tras julio de 1936 de horribles crímenes contra miles de ciudadanos indefensos que fueron detenidos, encarcelados y vilmente asesinados, hechos que hunden en la infamia no ya sólo a los comunistas, cosa que no nos sorprendería, sino también a la propia República como estado de derecho. Pero Carrillo un acreditado maniobrero, experimentado demagogo, tuvo el buen rasgo de ser realista al valorar que las viejas consignas de huelga general revolucionaria no habían debilitado al régimen de Franco, que murió en su cama, y contribuir así con su apoyo al gran pacto que diera lugar a la vigente Constitución. Pero si el personaje es lo que es y una vez amnistiados sus delitos, allá su conciencia, lo que resulta escalofriante, lamentable porque reflejan el presente de España, son las declaraciones del llamado alto comisionado para dividir a las víctimas del terrorismo, quien llevado de su sectarismo patológico, quizás el principal mérito para ocupar el cargo que detenta, ha hablado de buenos y malos, enterrando ese pacto que dio lugar a la transición y traicionando lo que precisamente hace menos odioso el homenaje al personaje, su contribución a la concordia. Él, miembro de un partido que contribuyó de forma decisiva a destruir el sistema democrático provocando la masacre de Asturias, que actuó como una comparsa criminal de Moscú, se permite hablar de buenos y malos. Y eso delante de gentes relacionadas con la guerra sucia o la mala utilización de los fondos reservados y ante otros comunistas ilustres de los de visa oro. Para rematar el acto en vez de apagar velas se retiró la estatua de Franco con premeditación, nocturnidad y alevosía, como corresponde a tan valientes personajes.