NADA MÁS saberse que Xosé Manuel Beiras no estará en las listas del BNG, Galicia parece haber entrado en erupción. El presidente Fraga se encerró con todo su Gobierno en el monasterio de Ribas de Sil, para tocar las palmas durante cuatro días. Touriño ve alejarse la presidencia. De confirmarse que Quintana ya comunicó a Beiras que no cuenta con él para las autonómicas, los próximos meses van a tener que dedicarlos los nacionalistas a explicar quién es el responsable del óbito de la opción progresista. Por lo visto, el Bloque anda sobrao. De candidatos, de votos y de votantes. Sólo así se entienden este tipo de decisiones. A los dirigentes del BNG podremos acusarlos de muchas cosas, pero jamás podremos dudar de su audacia. La mantienen contra todo y contra todos. Lo vienen demostrando de un tiempo a esta parte, con decisiones que rayan la temeridad. Lo demostraron hace meses en Vigo. Lo han vuelto a demostrar semanas atrás en el referéndum del Tratado de la Unión Europea. Y lo siguen demostrando, en fin, cada mañana. Porque mientras Núñez Feijoo ha empezado a decir que «hay que sumar», que «no sobra nadie» y en cualquier momento Fraga vuelve a alentar a los suyos para que salgan «a buscar los votos hasta debajo de las piedras», los nacionalistas andan a lo de siempre. A la greña. Que, según parece, es lo que da éxitos electorales. Porque puede que a día de hoy Beiras no signifique un torrente de votos. Pero nadie duda de que no es momento para deducciones, ni para derribos. La estrategia nacionalista no consiste, contra lo que pudiera parecer, en facilitar que el PP continúe gobernando Galicia. Pese a que nos parezca que se lo está poniendo como dicen que se las ponían a Fernando VII, los del BNG no están haciendo el papel de cortesanos majaderos. Es que son así. Increíblemente absurdos.