Dos cuestiones pendientes

GERARDO GONZÁLEZ MARTÍN

OPINIÓN

DOS CUESTIONES pendientes se han resuelto casi al tiempo: Rendir a Santiago Carrillo el homenaje que se merecía y llevar a un almacén la última estatua de Franco en Madrid. En el desmontaje estaban media docena de nostálgicos, en el otro acto participaron la inmensa mayoría de los obligados a ello. El homenaje al ex líder comunista ha confirmado que el aislamiento del PP no responde sólo a la habilidad del PSOE para encajonarle en una esquina, sino también a su propia voluntad de estar al margen del pálpito del país. Es evidente que sin Carrillo y los comunistas no habría sido posible la democracia. Además de jugársela mil veces fueron sumamente generosos, precursores de la conciliación. Políticamente apenas han sobrevivido a aquellos momentos gloriosos del franquismo y los inicios de la transición, y humanamente no pocos han hecho realidad aquello del encanto de pasar de la zapatilla al Golf GTI , en ocasiones al amparo de políticos de su cuerda y en instituciones públicas. Lo cual no resta mérito al conjunto y menos a los que, con esas u otras ideas, han mantenido su afán de servicio al país. No es menos evidente que con Franco y los suyos la democracia habría sido imposible. Quizá el gesto de echar abajo la estatua, con precedente polémico en Ferrol, no tenga gran relevancia, especialmente para los que piensan que de poco vale tal decisión en un país donde, por ejemplo, siguen viviendo los descendientes directos del general, sin que nadie les molestara. De un hecho tal, que a veces puede escocer, se deduce que en España hubo un tiempo en que se sacrificaron muchas cosas para hacer posible la convivencia y la construcción de un país nuevo, y ahí Santiago Carrillo dio una lección a la que hoy no encontramos réplicas ilusionantes en tantos y tantos hombres públicos. Algunos, al menos, son agradecidos, los del PP ni siquiera hacen honor al calificativo de populares que les aplicamos, nacido de unas siglas pero no del corazón.