Después del cine

X. A. VÁZQUEZ-ANTELO

OPINIÓN

Todo era hermoso. La película era un exquisito canto a la amistad, la solidaridad, el derecho a elegir. Conmovió al mundo y ganó un justo Oscar. La vida sigue tras el paso de Amenábar. Maneiro hace rondas por la tele, y ya libre de culpa legal, reconoce que la muerte de Ramón fue «una chapuza». La cuñada del difunto no perdona, le llama «asesina», y cree que «la deberían encerrar de por vida». La condición humana. La vida es más sórdida que la lírica. Quedémonos con Ramón: primero, libertad. Para los que quieren irse, sí; pero también para los que eligen quedarse.