Irán, el amigo imposible

| YASHMINA SHAWKI |

OPINIÓN

¿SERÁ POSIBLE que, tras tantos desatinos, tanta sangre derramada y tantos despropósitos, el líder de las democracias libres, haya recuperado la cordura? ¿O, quizás, sólo ha sido la perniciosa influencia de algunos líderes europeos? ¿O, tal vez, será que Bush, tejano, ha recordado que es más fácil montar un caballo ofreciéndole una zanahoria que chasqueando el látigo? Cualquiera que haya sido su motivación, la declaración de buena voluntad y disposición a ayudar a Irán, la mayor teocracia del mundo, nos ha cogido a todos un poco descolocados. Tras años de enemistad, resulta sorprendente el ofrecimiento de ayuda, precisamente, cuando se había incrementado el nivel de acoso sobre Irán. Y todavía más paradójico resulta que, ahora que islamismo y terrorismo se confunden, y que habiendo sido acusado durante décadas de cobijar, entrenar y fomentar a los terroristas palestinos, Irán se erija como amigo de Occidente. Sin embargo, Irán es un aliado natural y ello más allá de consideraciones económicas y estratégicas. El Irán chií repudia por definición la desviación wahabista del Islam que gobierna Arabia Saudí y que, en su expresión más extrema, ha dado origen a Al Qaida. Irán resultó un muro insalvable para la expansión talibán hacia la Península Arábiga. Por otra parte, su influencia es imprescindible para dirigir a la mayoría chií de Irak puesta en jaque por los terroristas de Al Qaida. No obstante, no será ni fácil ni rápido obtener su colaboración. Hace falta algo más que palabras. Y es que, aun reconociendo que necesita la ayuda económica occidental, Irán no sólo no se fía de las bonitas promesas de Estados Unidos sino que, además, teme las concesiones aperturistas que se le van a exigir como contraprestación.