RESULTA curiosa la ridícula polémica suscitada estos días en torno al vino monovarietal de la variedad albariño elaborado por la Cooperativa Vitivinícola del Ribeiro. El problema, de existir, no ha sido generado por la Denominación de Origen (DO) Ribeiro sino más bien por la de Rías Baixas, por la probablemente equivocada gestión comercial de la marca. El Consello Regulador de Rías Baixas, apoyado por parte de sus bodegas, ha transmitido al consumidor una imagen de sus vinos que giraba principalmente alrededor de la variedad preferente utilizada, albariño, y no en torno a la zona de producción, Rías Baixas, yendo contracorriente de lo que estaban haciendo el resto de las DO de España que priman el terroir . Prueba de ello es que en todos los informes elaborados estos últimos años sobre conocimiento de las DO españolas por el consumidor, en respuesta espontánea, da como resultado el relativamente escaso conocimiento de la DO Rías Baixas, lo contrario de lo que sucede con respecto a la variedad albariño, que se sitúa entre las primeras. Y hemos de partir de la máxima aceptada por todas las zonas de producción de vino del mundo, así como por toda legislación al respecto, de que las variedades no pertenecen a nadie; la única limitación para su cultivo es la calidad final obtenida. ¿Cuál es el auténtico transfondo de esta polémica? Primero, pone en evidencia la errónea gestión de marca realizada con respecto a su denominación, que no pasa por el mejor de sus momentos comerciales. Prueba de ello es que actualmente se encuentran gran cantidad de albariños en los lineales de los supermercados en oferta, algo impensable no hace mucho tiempo. Seguramente ésto sea consecuencia del desmesurado crecimiento de plantaciones desde su reciente creación, llegando hasta el extremo de quintuplicarse y ser la DO gallega que más uvas cosechó en la última campaña. Pero si vamos más allá en el análisis, parece que el auténtico problema no es que se elabore albariño en otras zonas, sino que lo haga la DO Ribeiro y más concretamente la Cooperativa Vitivinícola del Ribeiro. La primera, porque tras el trabajo de años, y no pocos problemas, se encamina hacia su plenitud, siendo además sus vinos actualmente, por tradición y conocimiento, los auténticos embajadores en el exterior de Galicia. Y la segunda porque ha demostrado ser la bodega más competitiva y con mejor red comercial de Galicia. Tanto los viejos como los novísimos viticultores de Rías Baixas no deben preocuparse por el albariño del Ribeiro, sino más bien por diferenciar comercialmente sus excelentes caldos y hacer una auténtica marca como han hecho el resto de las denominaciones de origen. Son muy jóvenes y todavía están a tiempo. Y, a propósito, no se ha oído decir todavía a ningún experto que el albariño de la Cooperativa no tenga calidad, más bien todo lo contrario. Y éste sí que debería ser el centro del debate.