UN OSCAR no es más que Oscar. Incluso hay ganadores que pasados unos años los subastan para sacarse unos euros (perdón, unos dólares). No es más que una estatuilla dorada de aspecto cuestionable. Pero un Oscar a una película española (y ya van cuatro) representa mucho. Si encima Mar adentro se filma en exteriores gallegos, recrea la historia de un gallego y utiliza a un nutrido (y elogiable) plantel de actores gallegos, ese Oscar representa algo más. Alejandro Amenábar supo de Ramón Sampedro, se acercó a su vida y sus circunstancias, leyó sus escritos y decidió que ahí había un filme. Pudo haberla rodado en Cuenca o en Guadalajara, que cosas más audaces se tienen visto, pero eligió Galicia, se acercó a sus paisaje y a sus gentes, pulió un guión modélico por mucho que cada uno tenga un guión en su cabeza sobre el mismo tema. Y encima reflexiona sobre algo tan duro y tan personal (en el fondo es una elección personal...) como la eutanasia. Finalmente la estrenó, sorprendió a la crítica, entusiasmó al público, avivó la polémica. Viajó por festivales, recogiendo galardones aquí y allá. Finalmente desembarca en los Oscar y se hace con la estatuilla. Justa recompensa a una película que, debates y consideraciones morales al margen, es una excelente película. ¿Qué pinta Galicia en todo esto? Pinta mucho. Mejor todavía, es quizá la primera vez que las cámaras del cine español desembarcan con una visión insólita. Por ejemplo en el uso de la lengua y en el retrato de los personajes. El gallego recorrerá por primera vez en la historia del cine, pantallas de países que seguramente nunca habrán oído nuestra lengua. Para eso están, afortunadamente, las versiones originales. Como escucharán catalán y también castellano. Queda muy atrás la musiquiña da fala que tanto parodió Xan das Bolas en docenas de filmes de la gallegada franquista. Los retratos que Amenábar hace del entorno humano de Sampedro son tan reales, tan cercanos sin caer en la burla y en la caricatura, que parece un milagro. Recuérdese que ese mismo año, Almodóvar se acercó unos días a Galicia a filmar unos planos de La mala educación, y el resultado era justo lo contrario. Dígase lo que se quiera, discrépese también, pero en el Oscar a Mar adentro , este país (y su audiovisual) pintan mucho.