SEGÚN Llamazares, el presidente Rodríguez Zapatero es un «optimista vital». Otros lo consideran simplemente un político que hace un uso estratégico del optimismo. Compañeros de su partido creen que su optimismo es auténtico y radical. Pero nadie cree que sea un pesimista, y, si alguien lo creía, pudo desengañarse el miércoles cuando lo vio en el Parlamento sometiendo a examen su política territorial. Donde los demás ven problemas difíciles de sortear, el presidente ve soluciones fácilmente alcanzables por «la vía del diálogo abierto», porque «esta actitud tiene una gran fuerza integradora y responde al deseo de la mayoría de los españoles». Se refería en este caso a la situación en el País Vasco, donde Ibarretxe, tras disolver el Parlamento y convocar elecciones para el 17 de abril, ha prometido más de lo mismo durante los próximos cuatro años. Zapatero cree que es posible encontrar un encaje («una posición razonable») para Euskadi en España, ciertamente con mayor autogobierno, pero sin que cruja ni se resienta el armazón constitucional. Y el mismo optimismo o más asomó cuando se refirió a Cataluña. Zapatero dijo que mantendrá su compromiso de apoyar la reforma que proponga el Parlamento catalán, porque está seguro de que respetará la Constitución. ¿Dónde están los problemas, pues? El asombro del PP es casi ilimitado. Creen que Zapatero siembra interrogantes e inquietudes. Y, según García Escudero, es ya mucha la gente convencida de que el presidente del Gobierno considera agotado el modelo territorial y quiere sustituirlo por otro, ya sea promoviendo una nueva etapa constituyente o afrontando las reformas autonómicas sin un acuerdo entre los dos grandes partidos nacionales. El líder socialista sigue tranquilizando a todos, persuadido de que «las buenas intenciones expresadas en los diarios de sesiones han dado grandes resultados en este país» Pero en el PP creen que el infierno está empedrado precisamente de buenas intenciones y piensan que tanto optimismo puede jugarnos una mala pasada. Justo lo contrario de lo que cree Zapatero.