No corras, conejo

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

PRISA en galego se dice présa. Es la mejor manera de decirlo, porque, como escribe Vicente Verdú, nuestro gran problema es la prisa. Somos fáciles presas de la prisa. El perro de presa de la prisa nos angustia. No nos deja vivir. Quiero hacer un elogio de la lentitud. Nuestros mayores saben mucho de eso. Hemos perdido el placer de paladear. Los americanos nos han colocado el plástico de su fast food. En el ritmo de digestión de un cocido está el secreto de la alegría. Llegamos a un sitio y nos queremos marchar. Las visitas no se quitan ni la cazadora. Viajamos hacia ninguna parte a toda velocidad. Abrimos autopistas para matarnos en ellas a doscientos kilómetros por hora. Nos han camelado con que el progreso es un polvo rápido. Las mejores cosas de la vida suceden despacio, paseniño, paseniño. Un ejemplo claro: no sabemos disfrutar unos de otros. Antes quedábamos con un amigo para un café, más tarde sólo hablábamos por teléfono, ahora monologamos con un mensaje de texto en el móvil o en el ordenador y adiós. El calor humano se cuece despacio o no prende. Vayan lentos, llegarán de sobra para quedarse y disfrutar, que es de lo que importa. ¿Para qué tanto correr cuando se llega a tiempo a la muerte andando? cesar.casal@lavoz.es