Miller

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA

18 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

ES VERDAD que murió hace ya una semana, pero es igualmente cierto que en estos días me acordé varias veces de él con algún temor. Porque Arthur Miller no ha sido el más grande dramaturgo de un siglo que tuvo autores como Beckett, Ionesco o Brecht, pero quizá ha sido el que mejor desveló la cara oculta del sueño americano, en obras como Muerte de un viajante, Las brujas de Salem o Después de la caída . Su permanente discurso a favor de la libertad como valor universal y en contra de la mentira como instrumento de embaucamiento social le otorgan una extraordinaria actualidad, en un momento en el que nadie usa tanto la palabra libertad como Bush ni hay quien esté vendiendo un sueño social más roto que el suyo. Temo que sobrevivir sin críticos lúcidos e inteligentes como él signifique quedar a merced de los Rumsfeld, Rice y demás halcones de la Administración Bush. Porque, ¿dónde están los herederos y seguidores de la conciencia Miller? ¿Dónde están los creadores con su talento? Se han vuelto invisibles. Porque no son Woody Allen o Michael Moore, por más que gocen del favor público. Arthur Miller taladraba la forma de vida americana y nos ofrecía sus entrañas. No veo a otro como él.