SE COMPRENDE que la vida política sitúa a sus protagonistas en tesituras tensas y que si el ejercitante no tiene aplomo cometa excesos verbales hijos de la pasión o del cabreo por los aguijonazos del adversario. Flaubert decía que en el arte la forma lo es todo. Afirmar lo mismo de la política sería excesivo, aunque no se deba poner en cuestión la enorme importancia de las formas. El castellano es rico en vocablos. Morralla, «gente inútil y despreciable», no es palabra de uso legítimo en ningún caso, tampoco, claro es, cuando se hable de funcionarios, por mucho que en la arena política convenga tomarlos como mercancía para la pelea. El culto por las formas no se ha de extremar. Dicen que Flaubert tenía su vida envenenada por el remordimiento sólo por haber puesto en Madame Bovary dos genitivos seguidos. A nadie es deseable el remordimiento, pero sí el arrepentimiento.