Virtualmente vivo

ALFONSO DE LA VEGA

OPINIÓN

PERO realmente muerto. Si el otro día la perplejidad de este observador se debía al problema de la chica alemana a la que el Estado del bienestar socialdemócrata del compañero Schroeder le obligaba a meterse prostituta para no perder el seguro de desempleo, hoy es por un extraño caso que ha sucedido aquí. Acaba de encontrarse casualmente, al intentar arreglar una avería doméstica, el cadáver de una persona en su casa del centro de la ciudad de A Coruña que llevaba unos dos años muerta y nadie se había enterado hasta ahora. Como buen ciudadano y consumidor dócil y obediente, se trataba de todo un modelo ejemplar de asimetría maragalliana : venía pagando puntualmente sus recibos domiciliados sin pedir nada a cambio. Todo un símbolo de esa España virtualmente viva pero ya simple residuo de lo que no son nacionalidades históricas cuyo destino políticamente correcto es morirse de asco o de atentado nacionalista para acabar antes. España se murió hace tiempo, la mataron los políticos inmorales y la acidia social, pero aún nadie se había dado cuenta hasta ahora, que ha habido que arreglar las goteras. Y sin ni siquiera una oración o el recuerdo de aquéllos que en el pasado compartieron algún suceso o anécdota de su vida. En esta estúpida sociedad en que se ha perdido cualquier sentido de la metafísica, y todo se encuentra cosificado y despersonalizado, el mejor ciudadano es sin duda el que está muerto pero paga y vota como el Silvino Cordero del cuento. Y es que el hombre de nuestro suceso, símbolo de la Nación que se nos fue sin enterarnos, formaba parte de un grupo de relaciones de letras y números entre los que era un ente abstracto más. La gente ya no somos almas vivientes, ni los pueblos voluntad de convivir, sino meros objetos imponibles a expoliar por las diferentes administraciones y monopolios que practican entre el personal indefenso su peculiar violencia de género. Vota a lo que pida Zapatero, total que más te da, si ya estás muerto.