NO HAY COSAS más deseadas ni más frágiles que el honor y el buen nombre, y quien una vez las pierde, tarde las recupera. Pero no sólo las personas se deshonoran, también les sucede a las ideas, profesiones o partidos políticos. Hoy veo brillar, en este palacio de las desmesuras que es nuestra patria, la maledicencia y la manipulación ideológica-mediática, y no puedo apartar, embelesado, los ojos del camino que nos traza una aventurada izquierda: vamos de cabeza al precipicio. En ese viaje sin retorno, la izquierda y sus aliados nacionalistas se han lanzado contra la oposición alentando una campaña de desprestigio para convertirla a ojos de los más en ultraderecha. Y de tanto mentar al lobo... El modo peyorativo, muy vulgar e insultante, de designar a los españoles en Inglaterra es dago ; los holandeses y franceses suelen insultarnos con voz producida por deliberada degeneración fonética de la correcta forma de designación: en Flandes dicen spanjolen en vez de spanjaard , y en Francia espengouin en lugar de espagnol . De los marroquíes mejor no hablar toda vez que en corto y por derecho nos llaman mariquones , si bien cierta razón no les falta. Pero, en España, ¿cómo se nos insulta a los españoles? Pues, sencillamente: españoles . En el propio lar patrio el insulto que los nacionalitaristas nos lanzan en el País Vasco, Cataluña y Galicia es ese. Recuerden las obsesivas pintadas que adornan las paredes por aquí: espanhois . Y como en todas partes hay traidores, resulta que, por virtud de la equidistancia, les salen a los nazionalistas valedores dentro de la izquierda española que avalan el insulto españoles , en un tono ciertamente un poco más bajo, travistiéndolo en españolistas . Pues según la paradójica progresía castiza hay nacionalistas periféricos porque hay españolistas . Como hay pederastas porque hay niños provocadores, deben asimismo pensar en concordancia lógica con lo anterior. Campea la izquierda, haciendo alarde de trompeteros mediáticos (alguno de colgados hábitos y gafas de sol bajo los focos), en una clarísima eminencia señoreando cuanto hay e incluso cuanto se insinúa en ética, moral y buen talante, pues no se entendería de otra forma cómo tiene tantos miramientos con, pongamos, ERC y tanto odio para con el PP, deteniendo a sus militantes al tiempo que derogan la ley que permitiría encarcelar a Ibarretxe en caso de convocar ilegalmente un referéndum. En su arquitectura lógica de simbiosis con los nacionalistas, extremo del artificio y causa de división política de España en dos mitades, la izquierda, engolfada en las luces de la modernidad y alumbrando todas las cualidades del buenismo y del confort moral, a más de ser diáfanas sus razones sólo se necesita para recibirlas una mente transparente, algunas claraboyas, balcones rasgados, ventanas patentes en el intelecto... y un pusilánime instinto de claudicación y propensión al «no os cabréis que crispáis». Pues todo es en la exposición izquierdista luz y claridad a raudales cual ático en Villa Olímpica barcelonesa aunque yo sigo sin entender por qué son más de fiar los separatistas que la derecha españolista . En respuesta prefieren utilizar un cómodo y recién recuperado atajo: los españolistas son ultraderechistas. Además de obcecados centralistas, fascistas, crispadores y reaccionarios. Con eso ya está todo dicho. Peor aun: todo está justificado. ¿O no está justificado para la persona de bien, léase de izquierdas, acabar sea como sea con la ultraderecha?