«Homo» sexualidad

| MANUEL FERNÁNDEZ BLANCO |

OPINIÓN

PILAR CANICOBA

EL SER HUMANO, a diferencia de los animales, no lleva inscrito un saber natural, predeterminado, escrito en sus genes, sobre cómo acceder al sexo. El sexo, aunque algunos aspiren a ello, no es la cosa más natural del mundo. El sexo es natural en los animales, donde no hay pasiones sino instintos. En el mundo animal todo está escrito, predeterminado, es del orden de lo necesario. El macho que perdió en la parada se va, sin alimentar un deseo de venganza, y la hembra se aparea con el victorioso sin preguntarse si le iría mejor con el otro. El macho de la viuda negra realiza lo que le dicta su instinto, y muere devorado después de la cópula. Sería absurdo plantearnos la dimensión de la angustia en la araña. En el dominio de la naturaleza hay un saber hacer, innato, con el sexo. En el ser humano, el encuentro con lo sexual se produce sin el auxilio de un saber preestablecido. Esta ausencia de saber, aunque exista información, hace que el encuentro infantil con la sexualidad siempre deje un estigma, un rasgo, una marca. Basta pensar cómo fue ese encuentro para cada uno, el modo en que irrumpió la sexualidad, y en qué condiciones. Y de eso se trata, de condiciones. Como no hay ese para todos igual del mundo animal, el encuentro amoroso en el ser humano pasa por condiciones. Se trata de que, para cada uno, el objeto erótico tiene que reunir determinados rasgos para poder ser elegido. El amor obedece a reglas, como nos ilustra Freud en sus Tres contribuciones sobre la psicología de la vida amorosa . A un hombre heterosexual no le atraen todas las mujeres. A una mujer heterosexual no le atraen todos los hombres. Por eso escuchamos decir: «No es mi tipo» . El tipo es la fijación de cada uno, la fijación de goce, que repetimos a lo largo de la vida. Por eso no es infrecuente que alguien se separe de su pareja y acabe con otra del mismo tipo . Algunas condiciones eróticas son bastante comunes. Para muchos hombres heterosexuales, es difícil unir amor y deseo en la misma mujer. Tienden a separar objeto de amor y objeto de deseo. Así, donde aman no desean y, donde desean, no aman. El equivalente de esta necesidad masculina de que la mujer no esté idealizada para poder desearla es a menudo, en la mujer, el carácter secreto de la relación como condición pasional. Son sólo ejemplos de fijaciones de goce, hay más. Sirva esto para ilustrar que la sexualidad humana no reside en los cromosomas. Los cromosomas no se equivocan nunca: nos hacen nacer varón o hembra. Pero no se debe confundir la biología con la posición sexuada. A todos, después de nacer, nos pasan cosas para ser como somos . Para el ser humano la biología no es el destino. Nacemos varón o hembra, pero nos constituimos en hombre o mujer, y en homosexual o heterosexual, en un proceso llamado de sexuación que consiste en ir construyendo la posición sexuada por vía de las identificaciones. Por eso, cada uno está ligado a su anomalía sexual particular. Si lo que determina la opción sexual son las identificaciones, y las experiencias sexuales precoces, a los homosexuales que adopten niños también puede ocurrirles que el niño les salga heterosexual . En este tema, de la adopción por homosexuales, hay que huir de planteamientos simplistas de cualquier tipo. Lo que no se suele pensar cuando hablamos de adopción, de cualquier tipo de adopción, es que no sólo los padres adoptan al niño, sino que el niño tiene también que adoptar a los padres. Homosexuales o heterosexuales, todos los padres adoptivos tienen que pasar esta prueba y, para ser adoptados por un niño o una niña, con el amor no basta . Para el niño o la niña tiene que ser posible la identificación con su familia adoptiva. Esta identificación puede ser difícil si el niño tiene ya su identidad sexual formada y la de sus padres adoptivos se le aparece como ajena. En este sentido, cuanto mayor sea el niño, mayores pueden ser las dificultades o la aparición de manifestaciones sintomáticas de rechazo. Es algo a tener en cuenta para no tener que acabar diciendo que la intención era buena.