IBARRETXE ha calculado la jugada. Sabe que su Plan será rechazado en las Cortes. Será el rechazo de la voluntad soberana del Parlamento vasco por una institución española. Creo que irá al Congreso de los Diputados, y entrará por la puerta principal, para que las cámaras de televisión saquen las imágenes de cómo el lendakari es tratado en Madrid. Volverá a Euskadi con el mensaje y las imágenes que necesita para decirle al «pueblo vasco» que las instituciones del Estado no respetan la voluntad de los vascos. Creo que convocará elecciones anticipadas, y esta será la manera, inevitable, de refrendar en las urnas su plan; y el escenario anterior se habrá convertido en un instrumento propagandístico para emocionar al cuerpo electoral vasco, logrando sus objetivos, que son: movilizar, sumar y ganar. Sigo pensando que el nacionalismo lleva la iniciativa y los demás van a remolque. Otros nacionalistas esperan sacar tajada del conflicto. Muchos vascos se sienten próximos al lendakari, más por su osadía que por su propuesta. Siempre dije que el nacionalismo, incluido el radical, necesitaba de la televisión para poder lograr un valor superior al que le corresponde por carga poblacional. Añado a ello que han sabido manejar con habilidad las debilidades del Estado, los complejos de culpabilidad de los demás y los tiempos propicios en política. Hoy, la crispación que se vive en el terreno de la política conduce a la falta de acuerdo para problemas de Estado, y ello hace débil al propio Estado. La crispación que se ha trasladado a la sociedad civil que conforman las víctimas del terrorismo y su entorno social conduce a la total desconfianza de las gentes sobre las pretensiones manipuladoras de unos y otros, con lo que aquella unidad en las calles de Ermua ha quebrado, y se ha pasado al altercado por la pancarta o la cabeza de la manifestación, que no sabemos exactamente quién convoca y para qué. Confío en que ETA no tenga fuerza y ganas de hacerse presente, pues sería muy complicado volver a unir a los demócratas frente a los terroristas. Lamentablemente, en esto cualquier tiempo pasado fue mejor. Mientras Ibarretxe tiene plena confianza en su estrategia, los demás la hemos perdido. En esta historia hay gentes con miedo al desenlace, que en su día no tuvieron más alternativa que hacer la maleta para trabajar en el país de los vascos, entre ellos los gallegos.