| O |
28 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.MAÑANA HAY elecciones en Irak. Que Dios y Alá les ayuden. Cuando ya van más de diez meses de guerra, son muchos los que creen que la situación no ha hecho más que empeorar. Y también son numerosos los que creen que las elecciones no van a mejorar mucho las cosas. Pero probablemente había que hacerlas, porque hay que hacer algo para salir de la ciénaga y buscar el camino de la paz y la normalización. El 20 de marzo de 2004, Bush se metió de cabeza en una guerra contra un país que no había agredido a EE.UU., que no había manifestado la intención de hacerlo, que no apoyaba a Al Qaida, que no tenía armas de destrucción masiva y que no constituía una amenaza para Israel. Pero, como escribió Thomas Friedman en The New York Times, se trataba de «una guerra de elección, no de necesidad». Y Bush eligió el Irak de Sadam Huseín, el sátrapa que había provocado las iras de su padre. La paradoja actual no es pequeña. Al Qaida no estaba en Irak y ahora lo está, en primera línea del frente. Los derechos de la mujer retroceden a medida que se islamiza el país. E Irak se cuartea sacudido por las tensiones religiosas y territoriales. La paz es posible, sí. Pero quizá la democracia laica se esté alejando. ¿Dónde ve Bush su victoria?