Al servicio del poder

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

27 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

EL PODER de un gobierno en España es muy grande. Tiene toda la iniciativa política. Domina parte de las finanzas y tiene influencia en las grandes empresas privatizadas a través de la «acción de oro». Maneja expresiones de la cultura a través de la subvención. Controla incluso a la Iglesia con la llave de la financiación y el mantenimiento de privilegios. Manda en medios de comunicación públicos. Tiene tentáculos en la Justicia y otras instituciones. Estando así las cosas, lo peor que puede hacer es usar todo ese poder en su beneficio. Lamentablemente, estos días vivimos con esa sensación, producida por dos acontecimientos que coinciden en el tiempo: las maniobras en torno a Francisco González, presidente del BBVA, y la actuación de la policía en la investigación de la manifestación del sábado. Son dos casos distintos; no tienen nada que ver entre sí; pero, precisamente por eso, podrían significar que la tentación del abuso se registra en los sectores más insospechados. En el caso BBVA, la utilización de medios oficiales se hizo patente en la intervención de la Fiscalía Anticorrupción. Es llamativo que, inmediatamente después del carpetazo de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, esta Fiscalía haya detectado indicios de delito. Y también lo es que intervenga de oficio, sin que mediara ninguna demanda de parte, ni ninguna denuncia. No estoy insinuando que La Moncloa le haya ordenado actuar; pero sí es muy probable que la Fiscalía lo haya hecho porque entiende que «empitonar» a González sería un importante favor al gobierno. Estaríamos, por tanto, ante un caso de exceso de celo. Y algo parecido puede haber ocurrido en la detención -exagerada en el fondo y en la forma- de dos concejales del PP de Madrid. Estamos ante una de las detenciones más arbitrarias que se recuerdan en los últimos años. No justifican en modo alguno que Esperanza Aguirre califique el hecho como «propio de la Gestapo»; pero caben pocas dudas de que alguien puso la policía al servicio del partido gobernante, con la finalidad de servir a la consigna de presentar al PP como un partido lleno de militantes violentos. Al margen de las trifulcas de los partidos y de sus ambiciones y preocupaciones electorales, todo esto es muy grave, y así lo queremos denunciar. No pongo la mano en el fuego por Francisco González. No discuto que en las bases del PP haya residuos de extrema derecha. Pero, si se usa el poder de ese modo, al servicio de intereses parciales y sectarios, que Zapatero no se extrañe a su regreso de que se hayan denunciado comportamientos «propios de una dictadura» en su equipo. Es injusto decirlo. Sin duda. Pero se expone a ese juicio quien tolera cualquier abuso de poder.