EL PRESERVATIVO es un sistema anticonceptivo y profiláctico que existe desde hace varios siglos, según diversas versiones y teorías. Su uso profiláctico tuvo siempre como finalidad evitar enfermedades venéreas por relaciones sexuales ocasionales, no estables, fuera del matrimonio. Su uso anticonceptivo siempre tuvo por finalidad evitar los embarazos tanto en las relaciones indicadas anteriormente como dentro del propio matrimonio. Siempre ha habido personas que han estado a favor o en contra, que los han utilizado o no los han utilizado. Es un asunto de libre decisión personal, como al mayor parte de los aspectos que afectan a la vida privada o íntima de las personas. Al ser de libre decisión, tan libre debe ser una persona o institución para recomendar su uso como para considerar que su utilización no favorece la dignidad de la persona, Esta libertad se dirime con argumentaciones, doctrinas, puntos de vista sobre la naturaleza humana. Ninguna parte debe tratar de imponer su criterios a la otra, ni con violencia ni con chantajes. La Iglesias Católica tiene todo el derecho del mundo a mantener su doctrina; es más, tiene la grave obligación de mantener su doctrina. El ciudadano es muy libre de aceptarla o no, de vivir de acuerdo con ella o no. Lo que no parece muy civilizado es lanzar una campaña de presiones por parte del Gobierno, de los medios de comunicación, de tertulias en emisoras de radio, o acumular rabiosas acusaciones por parte de comentaristas, para que la Iglesia Católica cambie su doctrina en un tema tan fundamental, que afecta a lo más íntimo de la persona humana. En general, casi se dilapida al que mantenga una actitud contraria al preservativo: será acusado de irresponsable, irracional cavernícola, fundamentalista. Cuando no se le hace responsable de todas las muertes por infección del sida que se producen en el continente africano y su transmisión a Europa. Parece que nada de esto sea muy razonable ni esté basado en auténticos argumentos de razón. Es legítimo pensar lo contrario de lo que dicen las corrientes de opinión del momento. Es legítimo pensar de forma distinta al ministro de Defensa Bono cuando imparte doctrina como católico. Es legítimo pensar distinto de lo políticamente correcto. Quizás esta actitud no le proporcione a uno dinero o puestos relevantes en la sociedad, pero da un gran satisfacción interior, satisfacción vital y sentido de coherencia. Por eso yo defiendo la tesis de que es muy sano socialmente que haya contraste de pareceres, que unos puedan defender una idea mientras otros defienden la contraria, sin violencias, sin insultos, sin fundamentalismos religiosos ni laicistas.