Compañeros de viaje

GERARDO GONZÁLEZ MARTÍN

OPINIÓN

27 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

POR ANTONOMASIA los «compañeros de viaje» han sido en España, durante mucho tiempo, los que trabajaban codo con codo con los comunistas, sin afiliación, pero a los que muchos atribuían una disciplina rayana con la militancia. Aquella figura parecía haber desaparecido, porque con lo que queda en pie del PCE apenas hay nadie a quien acompañar. Como tantas y tantas cosas, ha pasado de la vida carnal a la virtual, para convertirse en un reclamo de contactos o para hacer viajes a través de Internet. Uno tiene la sensación de que sin el banderín de enganche de Carrillo, hay nuevamente mucho español «compañero de viaje»,que se adhiere a la primera idea de la que le atiborran los gurús, directamente o a través de los mass media. Esa adhesión se hace con frecuencia con olvido de los aspectos negativos del propósito -si los tiene- o arrumbando otras obligaciones no menos perentorias. En esta línea, días atrás escuchaba la voz dramática de la madre de un parapléjico que a través de Radio Nacional clamaba: «¡Ojalá hubiera quedado así como víctima del terrorismo! Otro gallo nos cantaría». Era una envidia lamentable, por supuesto, pero que llama a la reflexión. A veces, esas u otras víctimas de la sociedad, que merecen todo el apoyo del mundo, parece que han de ser nuestro único objeto de preocupación. Somos generosos con orejeras, que vemos solamente lo que nos colocamos enfrente, y dejamos caer por los lados mil cuestiones que deberían merecer nuestra atención. Aflora más la solidaridad cuando hay una desgracia proyectada por los medios que cuando es necesario aliviar la vida ordinaria del miserable que pide a la puerta de un mercado. En una sociedad que, como la vieja medalla del amor, es día a día más compleja que ayer pero menos que mañana, esas reacciones unidireccionales y sostenidas, no parecen tener mucho de positivo. Si en conciencia hacemos un recuento de lo que ha dejado de preocuparnos porque no está en la vida virtual de los medios, seguramente sentiríamos vergüenza.