«ALGO teníamos que hacer para animarte a votar», dicen los carteles de la campaña con la que el Consejo de la Juventud pretende que los jóvenes voten más en el referéndum europeo. La frase suena un poco como una excusa, como si el que ha ideado la campaña tuviese la sospecha de que lo que se le ha ocurrido es una bobada. De tener esa sospecha, quizá no sea infundada; porque, efectivamente, lo que se le ha ocurrido parece una bobada. Es esto: repartir a los jóvenes, gratuitamente, 230.000 latas de una «bebida energética» en discotecas y bares. A la bebida la han llamado Referéndum plus . La idea del Consejo de la Juventud es que los jóvenes, a su juicio, votan poco, y que si no votan más no es ni porque lo que se les ofrece no les interesa, o simplemente porque no saben lo suficiente como para votar. No es esto, si no votan más sólo puede ser por pereza. Una vez detectada la causa de este extraño fenómeno de la abstención juvenil, viene la solución: ¿cómo se combate la pereza? Con una bebida energética. Interesante idea. Se dice que los experimentos hay que hacerlos con gaseosa, y eso es lo que han hecho, literalmente, los del Consejo de la Juventud: embotellar una especie de gaseosa. Tanto combatir el botellón , y difamar a los locales nocturnos, considerándolos origen y emblema de la indolencia adolescente y ahora resulta que son la clave para construir la nueva Europa. Uno no sabe de qué asombrarse más: si de la idea que parece tener el Consejo de la Juventud de lo que es un referéndum o de la idea que parece tener de lo que son los jóvenes, lo que es más preocupante dado su nombre y funciones. Sin duda hay jóvenes (y adultos) que no votan por pereza pero, puestos a elegir, uno casi prefiere que no voten por pereza a que voten porque les han regalado una bebida isotónica, un llavero o un balón de playa. Es el problema de todas las campañas institucionales para incitar al voto. Que el voto no es una cosa a la que haya que incitar. Es un derecho, no una experiencia vital; es un ejercicio de decisión, no una simple comparecencia y un «cuantos más seamos, mejor». Vale que este referéndum europeo es superfluo y tanto absurdo, pero precisamente por eso no convendría transformarlo en este circo de concursantes de Gran Hermano , futbolistas y bebidas con glucosa en que se está convirtiendo la campaña institucional. O sí.