EL ÉXITO de George W. Bush no es, evidentemente, su lucha por «la expansión de la libertad en el mundo», como nos quiso hacer creer el jueves en la toma de posesión de su segundo mandato presidencial. Su verdadero éxito radica en otro ámbito más oscuro y menos predecible: la realidad de que, con una guerra abierta en Irak (que ofrece numerosas víctimas cada día), ha conseguido sustraerse de la beligerancia mediática, sin que parezcan consecuencia de su opción bélica las noticias de las bombas o atentados suicidas. Esta actitud de los medios de comunicación, tras su victoria electoral, debería ser reconsiderada en esta hora en que Bush comienza su segundo mandato. Porque no está nada claro que tanta «comprensión mediática» signifique algo bueno. Todavía están cerca los tiempos en que grandes medios de comunicación estadounidenses, sintiéndose estafados por los argumentos esgrimidos por la Casa Blanca para justificar la guerra de Irak, protagonizaron una severa crítica que puso contra las cuerdas al presidente y a su administración. Fue algo que duró hasta la consumación de las elecciones. Recuérdense las tomas de posiciones anti-Bush por parte de grandes rotativos americanos y también, en esa ocasión, de algunos europeos. Bush debía pasar a la historia como el peligro para la paz mundial que creían que era. Pero la paradoja se ha impuesto, y Bush, reelegido, se propone pasar a la historia como un paladín de la libertad (palabra que usó 42 veces en su discurso), convencido de que la supervivencia de ésta en su país «depende cada vez más del éxito de la libertad en otras tierras». Por ello no se recató en lanzar un mensaje claro, a lo John Wayne, a los que viven bajo la tiranía y sin esperanzas: «Cuando os alcéis para defender vuestra libertad, estaremos a vuestro lado». Mensaje para cubanos, iraníes, norcoreanos y demás habitantes de países incluidos en el eje del mal por la mala cabeza de sus sátrapas... ¿Y la guerra de Irak? Un tupido silencio. Como si fuese una enfermedad convivencial. Poca información y menos crítica. Manipulación de lo real. Y a esperar resultados, a poder ser con el apoyo de países hasta ahora reticentes. En esto consiste el éxito de Bush.