Las sonrisas, los votos y la ley

PEDRO ARIAS VEIRA

OPINIÓN

ANTES de recibir al presidente vasco, el presidente español dijo que quería ganarle las elecciones para bajarle los humos independentistas. Echarle del poder en el País Vasco pero con buenas maneras, por las urnas. Con una mera sonrisa, Zapatero quería machacar una larga trayectoria de anuencia con Batasuna, años de cálculo político, cuatrienios tejiendo la red de poder vasca y décadas de justificación de asesinatos en aras de una Euskadi libre. Se nota que le ha costado muy poco llegar al poder. Ibarretxe, Arzalluz, Otegui, Carod, Maragall, Durán y todos los pesos pesados de la España plural disgregada, habrán reído de verdad. Y siguen el juego de las apariencias, de la sonrisa fija ante las cámaras, del diálogo ante los besugos de la galería, mientras reajustan estrategias y preparan sus ejércitos reales. Los nacionalistas vascos se saben con ventaja en el campo de batalla electoral. En las urnas del País Vasco le llevan una ventaja a Zapatero de ocho a tres. Difícilmente les puede ganar las elecciones; sus asesores no echaron bien las cuentas. Contando con el PP, la proporción mejora de ocho a seis, pero aun así es insuficiente. Los nacionalistas ganarán el referéndum y las elecciones vascas de mayo. Los constitucionalistas no pueden ganar porque es tierra sitiada, donde sus líderes van todos con escolta, acosados y amenazados de muerte. Al igual que muchos de sus partidarios y votantes. Unas elecciones social y políticamente limpias requerirían acabar antes con el terrorismo político y militar, para dar igualdad de oportunidades a los dirigentes constitucionalistas. Mientras no sea así, las elecciones no serán plenamente libres en el País Vasco. Los violentos y sus cómplices, los que se aprovechan objetivamente de la fuerza, tienen una clara ventaja electoral. Seguirán ganándolo todo. Y riéndose de las sonrisas. Por eso Zapatero se llevó un desengaño el jueves en la entrevista con Ibarretxe; explotaron sus sueños y no fue capaz de salir a explicar la verdad a los españoles. Mandó a Teresa de la Vega, que no expuso un nuevo proyecto. Pero Zapatero comprendió que no le quedaban más que las armas de la ley y abrió las puertas a la colaboración con Rajoy, el líder del partido de la firmeza en la legalidad. No puede aplazar más el desafío de la fuerza nacionalista y necesita cargarse de razón legal y legitimidad política. Ya no puede prescindir del PP, toda su estrategia en un pozo. Desilusionado, tampoco tuvo el gesto de salir con Rajoy para dar una rueda de prensa conjunta para apoyar a los «héroes a su pesar» -como los llama José Mª Calleja-, a los militantes socialistas y populares del País Vasco, que se juegan la vida por la Constitución, nuestros españoles del verdadero frente de la dignidad. Mandó de nuevo a una balbuceante De la Vega. Aunque lo importante es que, por primera vez en estos meses, la fuerza de los hechos se impone a las apariencias de las sonrisas.