EL NUEVO ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Michael Barnier, ha tendido la mano a EE.?UU. para aprovechar el momento de cambio palestino, en el cual se ofrece la oportunidad de conseguir la paz en Oriente Próximo, primero, y en Oriente Medio, después. Les ha faltado tiempo a los franceses para apuntarse al posible acuerdo entre palestinos e israelíes, hablando en nombre de Francia y de Europa. Por eso el ministro Barnier ha dicho muy claro: yo soy un patriota francés y además europeo; el mundo no es unipolar, con EE.?UU. en el centro, el poder mundial descansa también en los pilares de Rusia, China y Europa; la democracia no puede imponerse a los países que no tienen paz, primero hay que estabilizar a la población y luego se facilita la democracia, pero no al contrario. Este es el caso de Palestina, que necesita reiniciar el camino de la hoja de ruta con el objetivo de tener su propio Estado. Pero nada de eso se conseguirá sin que EE.?UU. se lo exija decididamente a Israel. Parece que ahora se dan las circunstancias oportunas para lograr una paz en Oriente Próximo, por eso los franceses intentan beneficiarse del posible éxito histórico. Pero hay otros factores que deberían ser tenidos en cuenta, como por ejemplo, la pacificación de Irak, en la cual los franceses no han querido participar, y sobre todo, la aceptación de los países de Oriente Medio, especialmente Irán, Siria y Arabia Saudí. ¿Quién tiene la capacidad de sentarlos en la mesa de las negociaciones más que Estados Unidos? El ministro Barnier ha tendido la mano en el momento oportuno. La política es así. Propone a los norteamericanos iniciar una serie de reuniones periódicas para tratar asuntos de interés común que mejoren las relaciones entre los dos países. No creo que lo tengan tan fácil, cuando todavía se siente la oposición francesa a la actuación de Estados Unidos en Irak como una deslealtad. Jerusalén y Bagdad son los dos temas estratégicos a resolver. Las dificultades serán muchas para alcanzar una paz entorpecida por unos y otros. Las bombas de quienes están empeñados en que no se salga de la caótica situación nos llevan al desaliento, al ver el sufrimiento de esas poblaciones masacradas. Pero las elecciones en Palestina, y si llegan las de Irak este mes, pueden ofrecer un destello de esperanza de que por fin se alcance la anhelada paz.