EN EL DÍA A DÍA de la Redacción central de La Voz hay dos reuniones cruciales: una a las once de la mañana y la otra a las siete de la tarde. Cada una tiene su afán y su ritmo. La de las once es de reflexión, y su tempo, pausado. La de las siete es ejecutiva y trepidante. A la primera asisten los jefes de las distintas secciones y está presidida por el subdirector de apertura, y ocasionalmente por el director. El ponente de turno madruga más que el resto de los compañeros de mesa y para las once ya ha analizado el periódico del día, incluidas las catorce ediciones. También examina la prensa de Galicia y los principales diarios españoles. Con el análisis del ponente se inicia la sesión, donde los asistentes exponen después lo que tengan a bien comentar. La segunda parte de esta reunión matinal consiste en que cada uno de los presentes plantea las previsiones del día y las noticias relevantes que hasta ese momento han ocurrido y después solicita las páginas que necesita. La reunión vespertina tiene, como decíamos, un ritmo más rápido, porque el tiempo apremia y los horarios de cierre son sagrados. Asisten a ella los jefes de sección, redactores jefes, subdirectores, y está presidida por el director o el director adjunto. Los responsables de las distintas secciones exponen las noticias que consideran que deben tener un hueco en la primera. Los demás asistentes toman buena nota de lo expuesto y con estos datos proceden a elaborar la primera página. Sería más exacto hablar de hasta catorce primeras páginas porque La Voz configura sus portadas para cada una de sus ediciones. Lógicamente, muchas noticias coinciden en las catorce portadas. Distintas células madre La explicación anterior viene a cuento de la carta que nos envía Marcos Ferreiro Torres. «Movido por la curiosidad y alcance de la noticia que destacaban el día 11 en la portada del periódico -dice este lector de A Coruña-, leí con cierto detenimiento en páginas interiores la información correspondiente. Y cuál fue mi sorpresa al comprobar el error -no pequeño y en primera página- cometido». «Hacían referencia ustedes en la portada -añade- a una transfusión de "células madre embrionarias", cuando el texto interior (página 44) habla de "células madre adultas", que no son manifiestamente lo mismo ni tienen la misma valoración ética. Da la impresión de que el redactor o redactores de turno o quien haya sido responsable de ello no tiene muy claro de qué va el tema; que no todas las células madre son embrionarias, aunque sea de éstas de las que más se hable». Como bien dice el lector, el titular de primera «Una transfusión de células madre embrionarias logra que un diabético vuelva a generar insulina» nos remite a la página 44, donde en la información enviada desde Buenos Aires por nuestro corresponsal Agustín Bottinelli figura claramente en el texto cuatro veces que se trata de células madre adultas. Hechas las averiguaciones oportunas sobre lo que pudo ocurrir, he llegado a la siguiente conclusión: se trató de un error humano, cuyo origen no he conseguido determinar con exactitud. No sé si estuvo en el periodista que lo propuso para la primera o en los que elaboraron el titular de ésta. Como no es la única vez que ha pasado, pedimos a unos y otros que pongan más cuidado para que el engranaje funcione a la perfección. Ya que cometimos ese lamentable error, daremos satisfacción a nuestro comunicante y aclararemos el asunto para los lectores que pudieron haber quedado con una idea distorsionada. Raúl Romar, redactor de la sección de Sociedad, se brinda a ello. «El lector -dice- tiene mucha razón cuando apunta que no es poca la diferencia entre células madre embrionarias y células madre adultas. No ya sólo desde un punto de vista científico, sino en especial por la consideración ética que ello implica. Las células madre o troncales son aquellas capaces de dividirse indefinidamente y diferenciarse en distintas células especializadas de cualquier parte del cuerpo. De ahí su enorme potencial terapéutico en lo que se ha denominado medicina regenerativa». «Pero ¿cuál es la diferencia? Las células madre adultas -explica Romar-se obtienen de tejidos adultos del propio paciente, principalmente de la médula ósea y espinal, mientras que las embrionarias se encuentran en la masa celular interna de un embrión en las dos primeras semanas, aunque más bien habría que hablar de preembrión. Para obtenerlas es necesario destruir el blastocito (primeras estructuras embrionarias en torno a 150 células). De ahí que la técnica suscite el rechazo de la Iglesia y de ciertos expertos en bioética al entender -postura no siempre compartida por los científicos- que se trata de la destrucción de una vida humana». «Aunque la investigación está en fase muy primitiva -concluye-, se cree que las células madre embrionarias tienen un potencial mucho mayor para transformarse en los tejidos y tipos celulares que deseamos, de ahí que sean conocidas como pluripotentes. Sin embargo, nuevas indagaciones están demostrando que las células madre adultas, para cuya investigación no existen trabas legales en ningún país y se encuentra más avanzada, tienen mayor capacidad de lo que se cree. En cualquier caso, la opinión mayoritaria de los científicos, pese al recelo que suscita en determinados sectores, incluidos los investigadores, es que no se debe poner trabas a ninguna de estas dos líneas de investigación».