MENOS MAL que los muertos superan los 150.000. Y aumentando. Menos mal que estamos ante una de las mayores catástrofes de la Humanidad. Y menos mal que no vamos a ser capaces de sacudirnos la conmoción en lo que queda de año. Menos mal. Porque de lo contrario, nos montan una pasarela, le colocan unos focos y se nos pone a desfilar todo el Gobierno, disfrazado de hermanitas de la caridad. Porque los 7,8 millones de euros que hemos donado para combatir los efectos del tsunami les han dado para mucho. Rueda de prensa del presidente Zapatero. Apariciones en emisoras de radio de la vicepresidenta y ministros varios. Excursión de Moratinos por la zona arrasada, protegido por un ejército de cámaras y micrófonos. Y comparecencias múltiples del ministro Bono. Despidiendo a cada uno de los 594 soldados, entregando banderas y comprobando que el paquetito de harina y la botellita de aceite vayan bien. Al margen, naturalmente, de otras muchas explicaciones de militares y voluntarios, con las que ya hubiese sido más que suficiente. Pero lo de este Gobierno es enfermizo. Aprovecha cuanta posibilidad se le presenta para salir a explicar su talante abierto y democrático, su gestión trasparente, y decirnos lo que pensó hacer, lo que hizo y lo que va a hacer. Aunque luego no lo haga. Se pasa más de la mitad del día en comparecencias públicas que no son otra cosa que un intento de promoción personal. Aunque en el caso de la ayuda humanitaria al sudeste asiático han sobrepasado ampliamente la frontera de lo soportable. Aprovechar una tragedia como ésta para protagonizar actuaciones estelares resulta intolerable. Porque a la solidaridad no se le pueden poner discursos, sonrisas y fotos. Y porque lo ocurrido en el Índico es una trágica catástrofe. No un festival de rock.