EL LENDAKARI Ibarretxe sabe la verdad de todo el proceso que ha seguido su plan, pero dice en público lo que le conviene para intentar sacar adelante el engendro urdido en años pasados y ahora impulsado por la extinta -¿extinta?- Batasuna. Su rueda de prensa del 4 de enero y sus manifestaciones de estos días constituyen un ejercicio de funambulismo retórico difícil de igualar, de modo que casi todo lo que afirma que está claro y es indiscutible es justo lo que está confuso y es discutible o inaceptable. El primer elemento fantástico es la ficción de una supuesta demanda soberanista del pueblo vasco que no aparece acreditada por ninguna encuesta y que es, como señaló algún experto, un puro invento de las direcciones de los partidos nacionalistas vascos. Porque lo que ellos llaman la sociedad vasca (la misma que en su día ratificó en masa el Estatuto de Guernica) no ha tenido arte ni parte en este proceso partidario de una radicalización sin rumbo, que pretende llevarse por delante un Estatuto que ha venido funcionando durante los últimos 25 años a satisfacción de todos. Pero los dirigentes nacionalistas han decidido que debe tener una fecha de caducidad, y en ello están. La paradoja es que la sociedad de «los vascos y las vascas», como dice Ibarretxe, no ha respaldado unánimemente el proceso abierto. Por el contrario, el plan Ibarretxe ha venido a ahondar las divisiones y ha acabado por dirigirse sólo a sus propios fieles y correligionarios nacionalistas, que superan por poco la mitad de los votos. Y aquí les surge el problema: ¿qué hacer con la otra mitad no nacionalista? La desvergüenza de algunos planteamientos alcanzó límites asombrosos, entre los que no ha faltado la voluntad de excluirlos de la fantástica sociedad de los vascos-vascos . Con este panorama detrás, el lendakari alcanza una conclusión trapacera (que mañana le reiterará a Zapatero): el Congreso de los Diputados no puede contradecir la voluntad del Parlamento vasco. Y, claro, ahí termina el recorrido de su ficción. Porque si el Congreso no puede parar un plan partidario que divide a una comunidad española, ¿para qué se imagina Ibarretxe que puede estar? ¿Para aplaudir sus ocurrencias?