Serenidad

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA | O |

10 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

HAY que agradecerle al presidente del Gobierno la enorme dosis de serenidad que le está inyectando a la vida nacional, en un momento en el que las cuestiones vasca y catalana se han convertido en claros elementos de desasosiego. El Partido Popular ha creído detectar una preocupante «debilidad» de Zapatero en su respuesta al plan Ibarretxe (así lo reiteró el viernes Ángel Acebes), pero probablemente se trata sólo de prudencia en el manejo de los tiempos, para no generar una espiral de crispación. El presidente del Gobierno ha demostrado que no le gusta hacer declaraciones altisonantes o divisivas. Por el contrario, trata de controlar los hechos sin caer en una oratoria de confrontación de la que desconfía desde que vio los resultados de Aznar. Sólo se le calentó un poco el pensamiento contra el PP en la Comisión del 11-S. En casi todas las demás ocasiones ha optado por el silencio (a veces tancredista) o por la respuesta conciliadora. La euforia la reservó para el ámbito internacional (regreso al corazón de Europa y brindis por una Alianza de las Civilizaciones). Por lo demás, con EE.UU., serenamente mal. Y también mal con los obispos. Es lo malo de la serenidad, que tranquiliza, pero que no siempre soluciona los problemas.