Después de la tormenta

GONZALO PARENTE

OPINIÓN

08 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

NO ME GUSTA demasiado usar refranes en mis artículos, pero es que a veces la sabiduría popular nos marca unas pautas irrefutables: «No hay mal que por bien no venga» o «Después de la tempestad viene la calma»; estas sentencias nos pueden servir para iluminar, con un poco de esperanza, la horrible catástrofe de maremoto del sur de Asia, con 140.000 víctimas y las costas de once países arrasadas. Después de la tormenta, podemos pensar que este desastre ha servido para que la humanidad entera se haya puesto en marcha, a fin de colaborar en la reconstrucción de la destruida vida social, en lo posible. Así, se han dado casos de enemigos declarados, con una lucha de muchos años, que han abandonado las armas y se han puesto a trabajar conjuntamente. Esto es lo que ha sucedido en Sri Lanka y Sumatra (Indonesia), donde se han visto afectados unos territorios en los cuales se vivía una verdadera guerra civil contra el Gobierno de cada país. Los famosos y feroces guerrilleros denominados «los tigres tamiles», se han puesto a colaborar con el Gobierno para ayudar en la búsqueda de víctimas y organizar el apoyo a los supervivientes. Así, sin discriminación de bandos, los antiguos insurgentes, una fuerza de varios miles de combatientes, ayudan ahora a los militares en la labor de reconstrucción de las zonas afectadas. Lo mismo está sucediendo en la isla de Sumatra. Otro caso es la impresionante ayuda exterior que se ha puesto en marcha, a nivel de los Estados, de las organizaciones civiles y militares, de las ONG y de las comunidades religiosas que han aflorado en su callada labor de ayuda misionera; hasta el poderoso G-8 ha decidido perdonar la deuda a los países afectados por el tsunami. Así, tras unos días de sufrimiento, miles de seres humanos han encontrado en respuesta a su desgracia la solidaridad y la cooperación internacional. Por eso todavía podemos mirar, con un destello de esperanza, el comportamiento de esta sociedad globalizada para lo malo, pero también para lo bueno.