Radiografía urbana

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

EN MI ETAPA juvenil esperaba siempre con avidez el periódico de final de año para leer la valoración de lo realizado en mi ciudad y conocer los proyectos de futuro. Ahora han pasado los años; la inquietud es la misma o superior, pero la vida me haya hecho perder ingenuidad. Bajo esta perspectiva recibí la publicación del barómetro urbano de invierno. De su lectura transversal obtuve algunas conclusiones que aquí paso a comentar. En general la salud de nuestras ciudades es buena y los problemas que preocupan son comunes a la mayoría de las ciudades españolas y europeas: tráfico, empleo, urbanismo, precio de la vivienda, inseguridad, etcétera. Menos nítida es la coincidencia entre la valoración positiva o negativa de la ciudad y la de los políticos locales. No siempre la ciudad con peor valoración y con más problemas es también aquella donde los políticos locales alcanzan una puntuación menor. Desde este punto de vista la ciudad peor parada es Ferrol. Es la única con un suspenso a todos los políticos, tanto los que gobiernan como los demás. Sin embargo no es la ciudad donde el número de problemas con puntuación negativa tiene la mayor desviación a la media, ya que con cinco temas críticos están también Vigo, Santiago y Pontevedra. Claro que en la valoración de la coyuntura económica Ferrol es la ciudad con mayor pesimismo, por razones que todos acertamos a deducir, al igual que la gestión de la ciudad parece ser la menos eficaz. En definitiva la realidad ferrolana nos dice que la valoración de los políticos locales es peor que la de la propia ciudad. Un buen tema para la reflexión crítica de quienes diseñan y dirigen la trayectoria urbana. Otro resultado contradictorio, pero al revés, es el de Ourense, porque a pesar de la aceptable valoración de la dirección política de la ciudad, la opinión sobre la economía urbana es desfavorable, a la vez que por el índice de temas críticos ocupa el segundo lugar. Son tres datos aparentemente contradictorios, pero seguramente debe existir algún principio de coherencia que no alcanzo del todo a comprender. Otro tema sin duda para la reflexión. Lo curioso es que el caso de Lugo es parecido. Su alcalde es el mejor valorado de todos los gallegos, pero al mismo tiempo la ciudad es la que tienen mayor número de problemas significativos, aún cuando la aceptable valoración de la economía local aporta una percepción más tranquila. Tal vez los datos económicos pesen más que los problemas urbanos a los cuales los ciudadanos de nuestras ciudades interiores consideren inevitables con una resignación propia de las sociedades más inertes. Pontevedra es otra ciudad de contrastes porque la problemática urbana se sitúa en una posición aceptable al igual que la situación económica, mientras la dirección política tiende a perder valoración. Con todo sigue siendo una ciudad satisfactoria aunque algunas decisiones políticas tal vez no sean del todo compartidas por la población. También en una posición intermedia se sitúa nuestra gran ciudad del sur, es decir Vigo. A la vista de los datos, y salvo los graves problemas de tráfico y de la inadecuada gestión del desorden urbanístico, parece que la urbe viguesa se va templando y empieza a encontrar un camino basado en la cooperación que se aleja de la conflictividad y la falta de cohesión que durante décadas fue consustancial con esta ciudad. Dejo para el final las dos ciudades que tienen una valoración más favorable de la situación económica y a la vez una buena valoración de sus gobernantes, a pesar de que la urbe coruñesa es una de las que tienen mayores problemas sin resolver (tráfico, medioambiente, vivienda, seguridad), probablemente por ser también de las que reciben menos inversiones. Lo contrario ocurre en la ciudad compostelana, donde sus ciudadanos parecen estar más contentos por ser la mejor valorada de todas las gallegas. No podía ser de otro modo en una encuesta realizada en el Año Santo más inversor de la historia local y en una etapa en que la capital concentra la mayor parte de las inversiones de la Xunta en políticas urbanas e infraestructurales. También sigue siendo la receptora privilegiada de las políticas de marketing urbano llevadas a cabo por el Gobierno regional. Es por ello, a pesar del grave problema del tráfico, la ciudad más satisfactoria. Esto es, al menos a mí me parece, lo que se desprende de la encuesta barométrica que, como en la meteorología ocurre, es resultado de un variado pero intenso juego de presiones, aunque en este caso las adiabáticas sean más predecibles e inteligibles. Pero en todos los casos hay un hecho común: los ayuntamientos no tienen capacidad financiera para dar solución a los problemas de los ciudadanos, y su dependencia del voluntarismo político de las instancias superiores de poder constituye un mecanismo poco eficiente y objetivo. Y no olvidemos que del futuro de nuestras ciudades depende buena parte del porvenir de nuestro país. Parece que es necesario modificar el modelo vigente y, desde la especialización y la complementariedad urbana, iniciar uno nuevo. Galicia necesita ser repensada en su totalidad.