LOS SOLDADOS norteamericanos que ocupan Irak andan estos días un poco bajos de moral. Es lógico, porque todo cansa. Y además eso de la guerra resulta aburridísimo. Hoy matas a veinte, vuelas medio pueblo, torturas a un par de enemigos, escapas a una emboscada, y mañana, vuelta a empezar. Porque los iraquíes son así y no hay forma de acabar con ellos. Ya han pasado casi dos años y estamos peor que el primer día. Así que las tropas están un poco depres . Y encima estamos en Navidad, que tampoco ayuda. Están tan depres que se han producido deserciones, suicidios, querellas y protestas, lo que revela que entraron en una profunda crisis moral. Todo porque les ha debido de afectar enterarse de por qué se invadió el país y saberse protagonistas de una de las mayores locuras de la historia. Y además porque ven que cada día que pasa la situación empeora lo indecible. Lo que las tropas de ocupación necesitan son psicólogos que les recuperen la autoestima. Que los convenzan de que todo marcha viento en popa, que la patria les exige ese esfuerzo y que el terrorismo mundial está ya a un paso de desaparecer. Así que lo mejor es que salgan los palmeros. Ha llegado su hora. Todos aquellos que apoyaron la invasión militar; los que se entusiasmaron en el Parlamento español aplaudiendo al líder; los que nos acusaron de antipatriotas; los que nos alertaron de la maldad de los iraquíes, los que nos hablaron de las armas de destrucción masiva y los que se fueron a Georgetown de profesores asociados a dar lecciones de ética, tienen una gran labor que hacer. Dedicar esta Navidad a cantarles villancicos a los soldados norteamericanos para convencerlos de que lo que están haciendo es lo justo. Que de lo que se trata es de seguir matando.