En estos días

| RAMÓN PERNAS |

OPINIÓN

LOS ÚNICOS que van a superar los controles de alcoholemia que se han incrementado estos días van a ser los obstinados peces que en el río beben y beben y no contentos vuelven a beber, castigando nuestros oídos con esa implacable banda sonora de la Navidad que son los villancicos. Hartos como estamos de campanas que se sobreponen para después asomarse a una ventana indiscreta desde donde se divisa la cuna que mece al Niño desde hace dos mil años, el guiguchu que no cesa convierte el Nadal en X,ma s -léase crismas- ignorando los raciales campanilleros o que para Belén va una burra, rin rin... Un ejército rojo de papanoeles armados con sacos y campanillas han tomado literalmente las calles comerciales de las ciudades, es un desembarco en toda regla de los hombres de rojo, en muchos casos magros y escuálidos como si Santa Claus viajara en patera o tuviera que empeñar los renos. Está claro que esta batalla la ganan los Reyes Magos, que es bien sabido que los yanquis no tienen monarquía ni la han tenido nunca, al fin y al cabo Santa no es más que un emigrante europeo que hizo fortuna en Estados Unidos. En estos días se incrementa notablemente el colesterol y cotiza al alza el ácido úrico en las analíticas de enero post mariscada. En Galicia no existe un plato nacional navideño que vertebre los ágapes de estos días. Yo me inclino por el bacalao con repollo y ajada y por el capón, sea o no de Vilalba. El marisco comienza a ser una vulgaridad, carísima pero una ordinariez al fin y al cabo. Y como postre aconsejo una compota de pera o manzanas del país, por buscar algo tan autóctono como el centollo. En estos días llegó silencioso y frío, como si nada, el invierno, mi viejo y querido padre invierno cubriendo de un blanco helado todo el paisaje. En invierno amanece Galicia entre malvas, amaneceres violetas que tanto añoro. Llegó el invierno y trajo el carro de la fortuna con el sorteo navideño de la lotería, que dejó premios mayores en Galicia, fue el primero de los obsequios del nuevo invierno que espero sea de nieves para hacer bueno y próspero el refrán que asegura que después de las nieves llegan los bienes. En estos días quien esto escribe pretende ser amable, asumiendo el espíritu almibarado de la Navidad, evitando el estrés postraumático de estos días y tecleando en el ordenador un solidario y sincero abrazo de papel para todos ustedes en el deseo de que vuelva a ser más que palabras el viejo lema que cada Navidad establece que puede ser posible la gloria a Dios en las alturas y la paz real y duradera en la tierra para los hombres de buena voluntad. En días como estos, para todos estos días. Y poco más me cabe en los folios virtuales, acaso intentar convencer a los natalfobos que ya casi han superado estas fiestas, que el turrón es fruto de estación y que el azúcar es alimento básico para el cerebro, persuadir a quienes como yo tenemos vocación genetica y propensión al engorde, que nada hay mejor para empezar el año que una dieta que comience un lunes y que dure al menos lo que las navidades en su lectura comercial, un par de meses. Que ustedes lo pasen bien.