Del imán y del «no» del BNG

| EDUARDO CHAMORRO |

OPINIÓN

UNA DE las grandezas asumidas por los jueces gracias a la división y la independencia de poderes que otorgan los ciudadanos en las constituciones de la democracia, es la capacidad para asombrar por sí solos, sin necesidad de acudir a la compañía de otros. En ese sentido, las decisiones judiciales pueden ser o resultar verdaderamente espectaculares o tan espectaculares, al menos, como la que acaba de poner en libertad al imán de Fuengirola que dio con sus huesos en la cárcel por la minucia de exhortar a sus semejantes a curtir a palos los cueros conyugales, proporcionando las debidas instrucciones para hacerlo sin dejar la menor huella, pues una cosa es zurrar la badana y otra, estropear la mercancía, mermar lo bello de la pieza cobrada. Un juez de Barcelona ha tomado, quizá, en consideración que las cosas no son, en realidad, para tanto, o que el horno no está para bollos, o vaya Dios a saber lo que habrá tomado en consideración para poner al clérigo de patitas en la calle bajo la obligación de leer la Constitución Española y la Declaración Universal de Derechos Humanos. De cundir el ejemplo, podemos ver a unos cuantos maltratadores conyugales o violentos -y violentas- de género, puestos a leer con unción las novelas de Corín Tellado. Somos un pueblo descreído y escéptico que, como todos los pueblos descreídos y escépticos, estamos ansiosos de creer en los milagros. También somos dados a leer más bien poco y a hablar a gritos y sin prestar demasiada atención a lo que se dice. Leer viene a ser, entre nosotros, una suerte de extravagancia que no suscita pasiones ni cuenta con una afición de peso, si bien infunde, de vez en cuando, alguna que otra sospecha. Es una actividad solitaria y silenciosa en un país gregario donde el ciudadano solitario es tomado por un Don Nadie, y el silencioso corre el alto riesgo de dar a entender que otorga. Hablo de un país que puede llegar al muy pícaro refinamiento de sublimar lo grotesco hasta el punto de dar por supuesto que poner a alguien a leer es colocarle en una nada social desde la que lo otorgará todo. Eso de poner al imán a leer la Constitución para que se vaya enterando tiene, por otro lado, su simetría en la decisión del BNG de escindir un poco Galeusca al decidir el «No» a la Constitución Europea. La diferencia estriba en que si el imán ha de asentir en la lectura de la Constitución para enterarse, el BNG da la impresión de haber leído y de darse por enterado. Porque la constitución de la Unión Europea se emprendió hace ya muchos años para poner coto tanto a unos nacionalismos que habían ensangrentado suficientemente la historia europea, como a la amenaza del comunismo cristalizada en la Unión Soviética. De manera que al BNG se le podrá acusar de unas cosas y se le podrán reprochar otras. Pero nadie le puede echar en cara incoherencia alguna al manifestar su negativa a la Constitución Europea. Y si no se le puede echar en cara tal cosa al BNG, mucho menos a la UPG.