Los que saben lo que quieren

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

SÓLO ACABA llegando el que conoce a dónde va. Pues, para llegar, lo importante es, al fin, el destino y no la ruta. ¿Todos los caminos llevan a Roma? Desde luego... salvo los que no llevan a Roma. Los nacionalistas lo saben, y por eso son los únicos que tras veinticinco años de vida democrática no han variado su objetivo, aunque, para alcanzarlo, hayan tenido que ir cambiando de sendero. El objetivo, claro está, es la independencia nacional, al que no han renunciado ni el PNV, ni ERC, ni el BNG, ni Convergencia. No tienen por que hacerlo, desde luego, pero no entender que no lo han hecho podría conducirnos al desastre. De hecho, lo acontecido en nuestro país desde la puesta en marcha del Estado autonómico actual resulta fácil de explicar, aunque difícil de aceptar. Y es que lo que la inmensa mayoría hemos vivido como un proceso destinado a construir un nuevo Estado -descentralizado y pluralista-, ha sido afrontado por la inmensa minoría como la gran oportunidad para acabar con ese Estado y construirse uno a su medida. Según los no nacionalistas la autonomía ha constituido el cemento que nos ha unido en libertad; según los nacionalistas, ha sido y debe seguir siendo el trampolín para saltar hacia la definitiva secesión de sus Comunidades respectivas. Tan es así, que nada de lo que hoy pasa en España en relación con la cuestión territorial se comprende cabalmente sin tener en cuenta ese contraste. Ni la urgencia con que se exigen las selecciones deportivas autonómicas, ni la agonía con que quiere introducirse la traducción simultánea en las Cortes Generales, ni la insistencia con que trata de imponerse una nueva terminología para llamar naciones o comunidades nacionales a los territorios autonómicos, son explicables si no es a la luz de la obsesión por sentar las bases simbólicas que anteceden a una ruptura que algunos avizoran ya en el horizonte. Por eso no se entiende que la respuesta frente a los que saben lo que quieren sea la más estulta confusión: no, no se entiende que frente a la pretensión secesionista del PNV el PSE presente un proyecto que ofrece como punto de llegada parte de lo que los nacionalistas plantean como punto de partida, creyendo que con ello les darán satisfacción; ni se entiende que José Blanco diga, respecto a ese proyecto, que el PSOE ni lo apoya ni lo deja de apoyar, lo que, de no ser sangrante, sería cómico; ni se entiende, en fin, que Rajoy, que se cree con derecho a llamar miedicas a quienes se juegan la vida defendiendo sus ideas, siga ahondando en una brecha por la que, antes o después, tratarán de colarse los únicos que en este viaje alucinante tienen claro desde el principio sus propósitos.