La adaptación del PP

OPINIÓN

LA SOLEDAD del PP es una realidad que se manifiesta de vez en cuando en el Congreso de los Diputados, como se encargan de recordar casi todos los demás grupos políticos, sin embargo no parece que esto inquiete a los populares. Por el contrario, el PP, una vez pasados sus congresos nacional y regionales, da la impresión de haber diseñado una estrategia propia cuyo objetivo final, como no podía ser de otra manera, es la recuperación del poder, desde la idea clara de haberlo perdido. Para ello, se apresta a librar una dura lucha parlamentaria, destinada a poner de relieve todos los errores y «atropellos» que estime imputables al Gobierno o simplemente denunciables. «No nos dejaremos silenciar ni domesticar. El PP hará una oposición seria, dura cuando sea preciso, exigente siempre, pero correcta y leal», me decía hace poco un líder popular considerado próximo al presidente del PP. El mismo que me explicó la sutileza de que Rajoy es, sin duda, un centrista, pero que nadie se equivoque con él porque, precisamente por ello, será mucho más contundente en sus actuaciones parlamentarias. El PP cree que el partido en el Gobierno, con IU y ERC como aliados condicionantes, va a presentar flancos desguarnecidos y se verá en la obligación de hacer concesiones impopulares, sobre todo ante exigencias de ERC presentadas a modo de ultimátum. ¿Cuál es el problema de fondo para el PP? El discurso. Aunque no lo confiesen abiertamente, los populares se encontraron, tras perder las elecciones, con que los temas de moda (retirada de Irak, reformas constitucional y estatutarias, realineamiento internacional, matrimonio entre homosexuales, nombramiento de los cargos judiciales, etc.) eran justamente lo que ellos consideraban no-temas, es decir, cuestiones zanjadas. Pero la derrota barrió del mapa sus chinchetas temáticas y colocó las del PSOE. Y se empezó a hablar de asuntos que el PP consideraba sin interés. ¿Dónde estaba el clamor que justificaba un cambio constitucional? La realidad era que la agenda había cambiado y que el PP estaba condenado a hablar de los no-temas. Y empezó a hacerlo con desgana. Ahora parece que ha rehecho el discurso. Lo comprobaremos el año próximo.