Un país de pesimistas

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

TODOS SABEMOS aquello de que un pesimista no es más que un optimista bien informado. Lo dijo alguien hace tiempo y lo hemos ido repitiendo hasta hacerlo nuestro. Como hicimos con esa otra máxima de que un pesimista es un optimista con experiencia. De acuerdo con esto, la generalidad de los gallegos estamos bien informados y además contamos con una larga experiencia. Por eso somos pesimistas. No hay más que ver con que frecuencia echamos mano de la resignación para ir superando el calendario. El Barómetro de Invierno que en el fin de semana ha publicado este periódico ratifica plenamente la idea de que estamos bien informados y que tenemos experiencia. Por eso el 77% de los que habitamos este país creemos que la situación política es mala. Y nuestro pesimismo va en aumento. No menos decepcionados nos mostramos con la labor de Xunta y Gobierno en el Plan Galicia. A sólo unos meses para las autonómicas, no parece que el panorama que pinta el Barómetro de La Voz pueda satisfacer tanto a quienes tienen responsabilidades de gestión como de los que aspiran a tenerlas. La clase política gallega, tremendamente desacreditada, ha de meditar sobre el varapalo que acaba de recibir y que es muy superior al de hace sólo tres meses. Algunos creemos, y así lo venimos diciendo, que Galicia no tiene suerte con su clase política. Porque se dedica a llevar al país a base de tumbos y balanceos. Olvidando las necesidades de mayor urgencia. Sin un proyecto claro de futuro. Sin más aspiraciones que las de que siga amaneciendo cada mañana. Sin importar lo que piensa el parroquiano. Pero puede que la situación no vaya a peor. Si al fin ese 77% de pesimistas se decide a dar el paso de acabar con este vodevil. Y, al tiempo, hacernos a todos unos felices optimistas.