Sobrepescar, sobrevivir

OPINIÓN

10 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

SALVO que podamos creer que todas las aproximaciones metodológicas y los innumerables estudios realizados por los científicos de los países que conforman el Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) carecen de validez, no queda más remedio que asumir que los recursos explotados por las flotas comunitarias están en situación de sobrepesca. El diagnóstico es demasiado persistente como para negarlo en su totalidad. Otra cosa es que ahora revindiquemos y asumamos que las flotas pesqueras costeras o, por decirlo con el eufemismo habitual de los organismos internacionales, las comunidades de pescadores, sean en sí mismas objeto de protección. Pero ello no debe hacernos olvidar la necesaria sostenibilidad en la explotación de los recursos pesqueros para que también ese objetivo sea posible. Y cuando, año tras año, la regulación pesquera propuesta para los mares de cerca se mueve en la confrontación entre el diagnóstico científico y las subsiguientes propuestas de protección de los recursos, y un tira y afloja entre los poderes políticos, Estados, empresas pesqueras y la Comisión Europea, para retrasar la catástrofe económica siempre vaticinada, en medio de una descalificación de ida y vuelta entre todos los actores, tan sólo nos queda recordar el cuento del lobo que, de tanto falso aviso, nadie acreditó cuando -ahora sí- llegaba. No dudo que existen estudios y análisis de la viabilidad y rentabilidad económica de las empresas pesqueras por modalidad extractiva e incluso por zona de actividad. Y me consta que existen datos absolutamente reales de capturas, de su composición y también de aquéllas no comercializadas o by-catch, en poder de cada empresa o de sus organizaciones patronales. Si en el sistema de cogestión de la pesca -tantas veces propugnado, pero siempre aplazado- se pudiera contar con todos esos datos, y con la participación de las empresas pesqueras en su interpretación, quizá podríamos abordar con seriedad un compromiso entre conservación y sostenibilidad de los recursos y el rendimiento económico de su explotación, en vez de seguir jugando a la ruleta rusa, al victimismo y a la descalificación. Si es de nuestro interés, claro.