CÉSAR CASAL GONZÁLEZ
07 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.HAY cosas que crees olvidadas y, de pronto, un rayo, se te vienen a la cabeza. El río Duero nace en los picos de Urbión, provincia de Soria. Tu abuelo leía La Voz toda la mañana y paraba para comer siempre a la misma hora. El reloj era él. Cuando cerraba el periódico y se levantaba, sabíamos que eran las dos menos cinco, ni un minuto más. Rafa Nadal dormía de niño con las pelotas de tenis. Tú dormías con una pequeña pelota de fútbol. Así soñabas mejor los partidos, te decían. Tu hija se mete en la cama con el último juguete que le han regalado. Así ha dormido con un teléfono de pega, una cabra y un encerado. Es bueno que se acostumbre a dormir con cosas raras, nunca se sabe qué le deparará el futuro. A los niños que hablaban mucho les ponían fixo en la boca. Aznar seguro que no dejaba que le copiasen en los exámenes. Zapatero seguro que copiaba los deberes a toda prisa en el bus. Las clases de matemáticas no acababan nunca, como los inviernos. ¡Qué rápido termina el primer amor! También recuerdo frases. Tu otro abuelo, ¿dónde estarán los abuelos?, te martirizaba: -No es necesario que grites, te oímos maravillosamente bien. Pero hay veces, abuelo, que tengo tantas ganas de gritar. cesar.casal@lavoz.es