Ferlosiano

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

VUELVO sobre Ferlosio. Hay quien dice que tiene poca obra para un premio de tanta sombra. En Hispanoamérica idolatran, con razón, a Rulfo que no pasa de doscientas hojas. La literatura no se mide en una balanza, al peso. Ferlosio es tan importante que, como sólo les pasa a los elegidos, tiene su propio adjetivo: ferlosiano. Lo ferlosiano es una capacidad abrumadora para dominar las palabras en la ficción y el ensayo. Cuando uno lo lee tiene la sensación, raro milagro, de que los textos le están siendo revelados al segundo, como si los estuviese escribiendo él mismo al pasar sobre las letras la linterna de los ojos. Saquemos en limpio del premio la lectura de Alfanhuí. Me encantó que la ministra no lo pudiese encontrar. En este mundo de papanatas, el sabio se distingue también porque se aleja de la violación de los focos. Ferlosio escribe en un cuarto sagrado que hay en la portería de su casa. Escribe como quien calceta. Iba a calcetar cuando irrumpieron los centauros, los periodistas. Ferlosio es gran lector de prensa. Dice que los diarios le excitan y le incitan a reflexionar. Tiene el mismo corazón de tinta que una rotativa. La suya es una tirada que resume razón, sueños, o sea, verdad y belleza. cesar.casal@lavoz.es