EL EXABRUBTO del señor Carod-Rovira contra la candidatura de Madrid para organizar los Juegos Olímpicos del año 2012, en respuesta a la decisión de la Federación Internacional de Patinaje (FIRS) de no aceptar a Cataluña como miembro de pleno derecho, entraba dentro de la lógica. Este caballero histriónico y sus mezquindades forman parte del paisaje español y de la pesada cesta de los votos de José Luis Rodríguez Zapatero. Lo que no era previsible es que la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, contestase que este Gobierno no presiona a nadie, al ser preguntada si el Ejecutivo había presionado para evitar una decisión de la FIRS favorable al ingreso de Cataluña. Lo normal hubiera sido escuchar de la vicepresidenta que el Gobierno había puesto en marcha todos los instrumentos de un Estado de Derecho para salvaguardar la legalidad y la Constitución. Sin embargo, oímos una sorprendente respuesta que ratifica que aquí algunos pueden reunirse con ETA y acordar una tregua en su territorio, aunque sea a costa de que aticen en el del vecino, u organizar complots mensuales y chantajes semanales en ese intento diario por la secesión, pero que nadie está legitimado para decir lo contrario o defender a la nación española. Ni siquiera el Gobierno, no sea que algún socio le tache de retrógrado o fundamentalista. La prudente decisión adoptada en Fresno (Estados Unidos) ha vuelto a crear frustración en un pueblo, el catalán, al que los Carod-Rovira de su historia llevan continuamente a engañarle con tal de inyectar rencor y resentimiento contra «Madrid», ese tótem de maldad del imaginario colectivo de los nacionalistas, que ahora quiere organizar una Olimpiada con el mismo apoyo y entusiasmo con el que todos los españoles, incluidos los madrileños y el Gobierno central, empujaron y pagaron la candidatura de Barcelona-92. Las cosas para Madrid-2012 comenzaron a torcerse en Cataluña el día que el Barcelona impidió que los jugadores del Real Madrid saltaran al campo con la bandera de la candidatura madrileña en el encuentro Barcelona-Real Madrid y, sin embargo, facilitaron que unos cuantos abrochasen medio graderío con una pancarta independentista con la leyenda «Cataluña no es España».