LA SEÑORA ministra no se cabrea. Puede que la señora ministra se enoje, se disguste, se rebote, se irrite y se mosquee, pero nunca se cabrea. Porque cabrearse es poco fino. A la señora ministra no le gusta que se lo recordemos, Ni tampoco que le mencionemos que un día habló del «Plan Galicia de mier...» porque tampoco es refinado. Quiere que digamos que habló de caca, de deposición o de detrito. Pero no de «mier...» porque no está bien visto en una señora tan elegante y distinguida. La señora ministra de Fomento, Maleni para sus más próximos, dice estar muy molesta. Porque los gallegos somos unos apresurados y carecemos de paciencia. Al fin y a la postre, hace sólo dos años que nos embadurnaron la cara de fuel y ya queremos tener un traje nuevo. Y está también irritada con los medios de información, que será que lo está con éste, porque es el que dijo desde el primer día lo que pasó y lo que iba a pasar. La señora ministra está cabreada con todo el mundo, excepto con quien tiene que cabrearse. Que es con ella misma. Pero no lo entiende así. Y en vez de ponerse a trabajar con humildad o coger las de Villadiego, nos llena los bolsillos de insultos. No hay más que ver la generosidad y el talante cortés con los que siempre nos obsequia a los gallegos. Aunque lo que más ha irritado a la señora ministra es que se la compare con su antecesor. «!Dígame en qué me parezco yo a Cascos!», inquirió toda ofendida, en su última comparecencia. Pues mire señora ministra, usted se parece al señor Cascos en incapaz e insolente. Y eso no debe molestarla ni avergonzarla. Nosotros sí. Nosotros nos avergonzamos cada vez que nos viene a la memoria que sus orígenes, como los nuestros, son gallegos. Y que, pese a ello, la señora ministra es como una epidemia para Galicia.