Sin matices

| JOSÉ MARÍA CALLEJA |

OPINIÓN

02 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

EL MÁXIMO responsable de la política española, Miguel Ángel Moratinos, da una explicación que se cae a cachos sobre sus meteduras de pata respecto de Venezuela, habla en borrador y cada vez que sale a la palestra crea cuatro problemas nuevos y no sé si resuelve uno de los antiguos. Aznar va al Congreso para hablar del 11-M, habla sobre todo de la mala digestión -mucho Almax-, del 14-M, los medios decimos que se comió a sus adversarios, pero nos olvidamos de subrayar que, además de su derecho a saldar cuentas pendientes, no fue muy coherente en el arte de lanzar hipótesis y luego decir que no las lanzaba; no estuvo muy fino en el arte de contestar a lo que no se le preguntaba. Estamos en un momento en el que cualquier matiz en el análisis hace que el oyente agrande el lóbulo de la oreja y uno se siente como si estuviera ante la policía americana: todo lo que digas puede ser utilizado en tu contra. Se pone complicado analizar la realidad con todos sus detalles y a estas alturas del curso hay que explicarles, a hombres hechos y derechos, que no es posible que un partido lo haga todo bien, siempre bien, sin fisuras bien y otro lo haga mal, todo mal, sin tregua mal. Trata uno de decir que Moratinos mete la pata, pero que el PSOE no es responsable de las inundaciones de Filipinas y le dan con lo gordo del Minipimer. Trata uno de decir que el PP lo hizo mal en Irak, pero muy bien en la lucha contra el terrorismo nacionalista vasco, y recibe una palmada de conmiseración. Trata uno de explicar que por trabajar en un determinado grupo de comunicación no están predeterminadas todas sus opiniones sobre todos los asuntos todos los días y el listillo de guardia enarca las cejas y se parte de risa. Estamos, en fin, en la guerra de los clubes de fans y resulta imposible el análisis concreto de la situación concreta con sus matices correspondientes. Es un momento hooligan . Y, sin embargo, todos deberíamos saber que las cosas suelen ser más complejas que el sota, caballo, rey que algunos tratan de imponer. Triunfa el modelo de político que solemniza las bobadas, que siente el cosquilleo perpetuo de hablar de continuo para la posteridad de la humanidad, que se eriza al pensar que cada una de sus palabras pasará a la historia histórica, que se toma tan en serio a sí mismo que da la risa; se impone el político que juega todo el rato a los mayores. En la mayoría de los medios hay quien se pasa la vida abriendo y cerrando etapas -todas históricas, por supuesto-, dibujando perpetuos puntos de inflexión, hablando en borrador, como los peores políticos -mueve ficha, está en su tejado, tema, tema y tema, etcétera-, acentuando mal las palabras y actuando como los futbolistas chicos, que imitan lo peor de los mayores cuando les hacen una falta. En este panorama, aun a riesgo de ser tildado de optimista sin fronteras, creo que medios, partidos y ciudadanos deberíamos hacer un esfuerzo por pasar de la guerra de trincheras al debate con sentido del humor; de la lucha a garrotazos, goyesca y negra, al debate sin empujar; de la solemnidad estúpida al reírse de uno mismo; del yo diría, este diputado, a nivel de, niego la mayor, y chorradas de campo semántico semejante, al hablar con cierta naturalidad, más cerca de la gente que del político envarado. En fin, hagamos un esfuerzo -los periodistas, por ejemplo-, por contar lo que pasa y por valorar el buen juego, por aplaudir a Zidane y a Deco y a Valerón y a Henry, todos a la vez cuando lo hagan bien. Son muchas más las cosas que nos unen que las que nos separan y malo sería que en esta lucha a garrotazos se salieran con la suya los que quieren romper el tablero, los que apuestan por la insolidaridad y por marcar la agenda con aquello que crispa.