Encantado y agradecido

| ALFREDO VARA |

OPINIÓN

«QUIZÁ SE DEBA a que soy gallego -me dijo-, la tierra donde la lluvia y la niebla difuminan los contornos y relativizan los conceptos, pero ayer me sentí como en una especie de túnel del tiempo, trasladado a un pasado reciente en que se decía que de un lado estaba la verdad y del otro sólo había conspiraciones delirantes». Expresó su temor de estar situado en una posición minoritaria y decadente y afirmó que estaba empezando a considerarse un bicho raro en una sociedad en que se observa una creciente tendencia a descalificar al adversario. Aseguró que incluso le habían aconsejado acudir al psiquiatra cuando dijo que prefería los patinazos y hasta los desatinos a la aseveración permanente de que la verdad inmutable está de un solo lado. Continuó su letanía de rarezas manifestándose radicalmente a favor de la ironía en lugar de la crispación continua, de la relativización de lo propio en lugar de la afirmación categórica y del lenguaje templado en vez de la descalificación permanente . Definitivamente lanzado, aseguró que es mejor un liderazgo dialogante que parece no controlar todos los resortes que el prietas las filas del discurso monocorde. Terminó manifestando que estaba encantado y muy agradecido al anterior presidente del Gobierno. Afirmó, contundente, que le había encantado que mantuviera su decisión de dejar todos sus cargos, pese a las peticiones de que la reconsiderase, y de propiciar que en su sillón se sentase ahora una persona que sabía perfectamente que implantaría otro talante. «Sólo querría que el cambio de talante fuese más rápido y profundo. ¿Soy tan raro?», imploró más que preguntó.