La sociedad que emerge

| RAMÓN CHAO |

OPINIÓN

25 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

EL CASO BUTTIGLIONI supuso la primera derrota del portugués Durão Barroso (y de la Iglesia) al frente de la Comisión Europea, dejándolo a él muy lastrado para continuar en su cargo con cierta autoridad moral y a ella un tanto desconcertada y a la defensiva. Recordemos: Rocco Buttiglioni es un democratacristiano y filósofo cuya celebridad nunca sobrepasó los Alpes, pero muy apreciado en el Vaticano (amigo personal de Juan Pablo II). Partidario de la extrema derecha y del fundamentalismo católico, no oculta su oposición al aborto, a la homosexualidad y -en pocas palabras- a la emancipación de la mujer. Durão Barroso lo había nombrado responsable de Justicia. Pero Buttiglioni declaró en público que la homosexualidad «es un pecado». Luego, se refirió al « lobby de homosexuales» que actúa en la Comisión, criticó a las solteras, «que nunca son buenas madres» y, en fin, sostiene que «si la familia existe, es para que la mujer pueda tener hijos». Por su parte, el Vaticano denunció al « lobby anticatólico que domina el Parlamento europeo». La Iglesia de Roma ha tenido que dar marcha atrás, así como la española: Rouco Varela modera su campaña agresiva, limitándose, si podemos decir, a una propuesta de diálogo con el Gobierno «siempre que se respete la Verdad de la Iglesia». ¿Qué entiende mi amigo de infancia por Verdad de la Iglesia , con mayúsculas? ¿No es verdad la ejecución de Prisciliano en el siglo IV? ¿La persecución de los cátaros con aquella terrible frase: «Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos»? ¿Las Cruzadas? ¿Las atrocidades de la Inquisición? ¿La matanza de San Bartolomé? ¿La actitud de la Iglesia ante el nazismo y el exterminio? John Cornwell autor de El papa de Hitler , escribe en este libro que Pío XII «llevó a la Iglesia a hacerse cómplice de las fuerzas más siniestras de su tiempo». ¿La Verdad de la Iglesia, con mayúscula, será acaso la actuación de Agustín Misago, obispo de Gikongoro encarcelado desde el 14 de abril de 1999 por su participación en el genocidio de Ruanda? Según varios testigos, este monseñor recogió a un grupo de niños tutsis supervivientes y heridos en Kigeme y Kibeho; los llevó a Gasaka, donde fueron asesinados. Hay más casos como el suyo, todos de la jerarquía católica, cuyos actores están siendo juzgados por el Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR). ¿La Verdad de Rouco será la del grupo norteamericano American Vision, que considera que «las mujeres han de estar subordinadas a los hombres» y que «la Biblia preconiza la pena de muerte para los homosexuales»? El problema de la Iglesia (con mayúscula), es que la sociedad evoluciona, el capitalismo también y ella permanece en la Edad Media. ¿Qué le importa al neoliberalismo que una mujer pueda abortar, que pueda ser fecundada con el esperma (congelado) de su marido (o amante) muerto desde hace años; que un niño tenga más de dos padres, si no al menos cinco (padres genéticos, legales, madres prestadas, madre adoptiva, etcétera)? Esto, y el hecho de que se esté a punto de conceder el derecho a la homopaternidad, es imparable. Al gobierno, a cualquier gobierno neoliberal de los que se dedican a la gestión de los negocios de las multinacionales, se le permitirán estos cambios que reclaman nuevas capas de la sociedad con tal de que ese gobierno, o gobiernos, protejan sus actividades financieras y salvaguarden los provechos económicos de las empresas.