HA APARECIDO otro «enemigo del pueblo» en la comarca del Deza que denuncia, como el médico de la obra de Ibsen, que el agua está contaminada. La historia, que tiene ribetes de tragicomedia, viene a ser así: un vecino de Vila de Cruces descubre y comprueba mediante los oportunos análisis que existe contaminación del agua de un manantial cercano y busca la causa. Comprueba que se debe a los vertidos, purines incluidos, de una explotación ganadera cercana. Su propietario no lo corrige. Viene la denuncia, la comprobación de los hechos por las autoridades y la propuesta de medidas correctoras para evitar que el daño a la naturaleza siga produciéndose (junio del 2000). Otra denuncia de febrero del 2003 insiste en que la desfeita sigue. Augas de Galicia lo comprueba en junio del 2003 , el jefe del área de Vertidos requiere al causante en julio, y ya en febrero del 2004 el presidente de Augas de Galicia resuelve el expediente sancionador imponiendo una sanción de seis mil diez euros. Tras el recurso de alzada interpuesto por el causante, en el que se alega que el manantial es suyo, los seis mil euros de multa pasan a quinientos. Tampoco se soluciona la causa con la implantación de las medidas correctoras propuestas por las autoridades. Con esto de las autonomías, ¿acaso el ciclo del agua funciona de modo distinto en Galicia que en el resto del universo? Pero, ¿es que toda una flamante Consellería de Medio Ambiente no puede proteger mejor la integridad de los recursos naturales? Veamos como sigue el argumento: el denunciante es un cura rural. El propietario denunciado, concejal de medio ambiente de Vila de Cruces, es casualmente tío del alcalde, ambos del mismo partido: el PP, sector lugareño. Parece que falta aquí una escena, que el espectador atento y avisado puede considerar superflua, con la entrevista entre cierto dirigente y las autoridades implicadas del municipio. El agua, claro, sigue contaminándose. Es suya.