NO VOTARON a Bush todos los estadounidenses que podían hacerlo, pero fueron los suficientes para que el candidato republicano ganase las elecciones y para que una buena parte del resto del mundo se sumiese en el desconcierto. Y esto último ocurrió porque los desconcertados, sobre todo los europeos, confundieron la realidad con los deseos. Y lo que es peor: demostraron saber poco de Estados Unidos y, desde luego, casi nada de la América profunda que es el principal granero de votos del presidente. Algo que se sabía en Kansas City o en Dakota del Sur, se ignoraba en Nueva York. Viene esto a cuento de unas recientes declaraciones del estratega republicano Grover Norquist, arquitecto del movimiento neoconservador en los últimos veinte años. Tienen interés porque ha tratado de explicar el shock europeo por la reelección de Bush. Y lo ha hecho afirmando que nosotros pensamos que «EE. UU. es Europa movida hacia el oeste. Pero EE. UU. es una cultura diferente que decidió no ser Europa». Los grandes conflictos bélicos de los siglos XIX y XX, ha dicho, «fueron guerras para no ser parte de Europa. Y también la guerra fría. Todo el país está lleno de gente que decidió no vivir en Europa. Hay otra gente que realmente quiso vivir en Europa, pero que no tuvo la energía necesaria para volver. Los llamamos canadienses». Hay soberbia e ironía en el juicio, pero también hay una explicación (por esotérica que parezca) para los sorprendidos. La visión eurocéntrica del mundo, que ha sobrevivido a duras penas a dos guerras mundiales, tiene dificultades para aprehender un pensamiento conservador y autoritario que, sin embargo, presume de no haber creado ni consentido el nazismo o el comunismo. Como presume de un capitalismo ágil, con sistemas de corrección que permiten rápidos enderezamientos, y considera (lo dice Norquist) que Europa debería mirar a EE. UU. y decir: «Así es como nosotros queremos estar en lo económico». Están tan orgullosos de su modelo «de granjeros propietarios» como los europeos de nuestro estado del bienestar. Pero sólo entendiendo esta diferencia conseguirán los rezagados entender la victoria de Bush.