Del salón al eje ilustrado

OPINIÓN

13 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

EL VIEJO Hospital General de Madrid no es la mejor obra de Sabatini. Tampoco su adaptación a centro de arte contemporáneo es especialmente memorable, debido quizá a que el conjunto hospitalario no fuera idóneo para ese objeto. La idea matriz de Jean Nouvel para la ampliación del MNCARS era colocarse «a la sombra de Sabatini», pero más bien compite al equiparar las cornisas de ambos edificios con una inmensa estructura ingrávida por la que se cuela el cielo madrileño, y bajo la que se cobija una amalgama excesiva de materiales, colores y texturas. Da la sensación de que se ha hecho aprisa. Lo poco que se puede ver, la sala de la planta primera, llena de opacas terracotas e impresionantes cuadros de Tàpies, contrasta con el colorido de la atractiva colección Taschen, que se expone en el bloque primitivo. La rehabilitación del palacio de Villahermosa fue bien ordenada por Moneo, aunque tintada con excesiva condescendencia hacia las preferencias cromáticas de la baronesa Thyssen. Un equipo encabezado por Baquero y Pla ha resuelto con bastante acierto la adición al volumen original de piedra y ladrillo de un blanco eco mediterráneo que transmite cierta soledad. El anexo acoge estos días una magnífica exposición de Gauguin, donde se revela su faceta menos conocida, la extraordinaria etapa francesa, ensombrecida por el coruscante exotismo de su pintura tahitiana. En comparación, la otra sección de la muestra, en la sede de la Fundación Caja Madrid, resulta oscura y recargada, pese a la excepcional calidad de las obras. Retorno al Prado. Acaba de fallecer don Fernando Chueca, un arquitecto lleno de erudición y cultura, si bien su historicismo castizo no me interesa. Tuve ocasión de asistir a algún debate en la Academia de San Fernando, donde Chueca se oponía sutilmente al proyecto de Moneo para el Prado, y lo hacía con conocimiento de causa, porque él mismo fue responsable de una de las múltiples intervenciones en el edificio de Villanueva. La idea original y rotunda de crear un eje transversal entre las salas de Velázquez y los Jerónimos ha sido bastante manoseada por otros, y habrá que ver si será sombra, simbiosis o soledad en relación con el edificio maestro. El debate sobre el sincretismo en arquitectura estará siempre abierto y se expresa de forma singular en los grandes museos. Entre los agregados más notorios están el de Pei en el Louvre, la ampliación de la galería Tate por Stirling y la más reciente Espiral de Liebeskind, extensión del muy británico Victoria & Albert. Del salón en el ángulo oscuro a la luz del eje ilustrado madrileño, que recobrará todo su esplendor de la mano de Siza, creando una alfombra unificadora de múltiples arquitecturas entre el Prado y Recoletos, uno de los grandes focos culturales del mundo. El arte, la peatonalidad, el espacio encontradizo, la centralidad complaciente, volverán a evocar lo que representó ya en el Siglo de Oro el Salón del Prado, lugar favorito del paseo y el encuentro, para ciudadanear sin sufrir el encontronazo contra el omnipresente coche. Mientras tanto, arrostrando el consabido abarrote de público, no se puede perder la exposición de retrato español, aunque sólo sea para ver la familia de Carlos IV bajo una luz distinta, que realza el brillo de los tejidos y las caras rubicundas de las reales personas, en oposición a la penumbra donde se sitúa el pintor de los pintores.