La cinta

ALFONSO DE LA VEGA

OPINIÓN

DENTRO de la más rabiosa modernidad se está promoviendo la política de subcontratas hasta el deterioro planificado de las propias estructuras institucionales e incluso en actividades hasta ahora inéditas. Tales los golpes de Estado o los atentados políticos llave en mano . Bien es verdad que cabe argüir alguna excepción como el magnicidio de Viriato, que dejó la cuenta adeudada con el famoso: «Roma no paga a traidores». Pero ahora con la morisma lumpen o sin papeles que se suicida hecho el trabajo, la cosa sale igual de barata y además no hay reclamaciones, ni quedan pistas. ¿O sí? La publicación de las supuestas actividades para-terroristas de ciertos confidentes policiales y de la Guardia Civil, algunos de ellos presuntamente relacionados con gentes del mal enterrado GAL o recién ascendidos por el Gobierno de ZP, pone los pelos de punta. Los pocos que le quedaban al observador escéptico tras los mal explicados casos del cese del presidente Suárez, trama del 23-F o identidad del mister X del GAL. Un capítulo reciente e importante en esta novela de terror y del más oscuro género negro, lo constituye la aparición de una misteriosa cinta demostrativa de que la trama del 11-M se estaría preparando no tras la aventura de Irak sino supuestamente desde el territorio del sultanato amigo ya en el año 2001 y con la aparente indiferencia de ciertos miembros de los cuerpos de seguridad del Estado que tenían la obligación de combatirlos. El pueblo español ha demostrado más de una vez a lo largo de su Historia que tiene unas tragaderas mayores que las de un avestruz, pero, si queda algo de vergüenza, se debería investigar qué hay de verdad en todo esto. Porque la conspiración de silencio no hace más que aumentar las sospechas. Y, como decían ZP y Rubalcaba, porque: «España no se merece un Gobierno que miente».