ME DICEN que varios ministros están dolidos con las críticas que el Gobierno recibe desde Galicia. Les parece injusto que, habiendo aumentado la previsión de inversiones en la comunidad, haya un ambiente negativo hacia los Presupuestos. Les parece también injusto que se carguen contra el Gobierno los retrasos en la ejecución de las obras más esperadas. Y no acaban de entender el desencanto por la evolución del Plan Galicia del que, sencillamente, sólo queda el nombre. Pues que se desengañe el Gobierno: tal como hace las cosas, no le será fácil superar esos estados de opinión. Las esperanzas que sembró Rodríguez Zapatero en su visita de octubre se están desvaneciendo con penosa rapidez. No hay semana sin una decisión gubernamental que produzca decepción o alarma. La decepción viene de la creación del Centro de Seguimiento de la catástrofe del Prestige . Es un proyecto escaso y tacaño, como insinuó la vicepresidenta Fernández de la Vega: ni siquiera supondrá coste alguno. Carece de ambición. Será un mero lugar de recepción de datos y contabilidad de medios. Sigue dejando a Galicia sin recursos nuevos para atajar un suceso como el producido hace dos años. La alarma la puso el ministro de Industria, José Montilla, cuando anunció qué factoría de Izar construirá el nuevo buque de Gas Natural: Sestao. El Gobierno vuelve a marginar a Galicia. Comprendo que no es una decisión fácil. Pero, precisamente por esa dificultad, es preciso que sea diáfana y se base en sólidos argumentos técnicos, económicos y, tal como está la situación, de justicia territorial. Es decir, que el trabajo que proporciona ayude a la comarca más necesitada y a una población deprimida. Nada de eso se ha visto. Nada de eso se explica. Nadie cuenta por qué la Naval de Sestao y no Fene. Hay oscurantismo. Se hizo una negociación entre la SEPI y Gas Natural que nadie ha conocido hasta que hubo un «principio de acuerdo». No han valido de nada ni los medios ni la experiencia de Fene en este tipo de barcos. De esta forma se condena a miles de trabajadores de Ferrol y a sus familias a una nueva angustia de falta de horizontes. Sólo hay una explicación: es una decisión política, como lo demuestra el hecho de que la comunica un ministro. ¿Es, además, uno de los pactos secretos del presidente del Gobierno y el presidente del PNV, señor Imaz? ¿Es otra contraprestación al nacionalismo? ¿O es consecuencia de la entrevista del señor Zapatero con el comité de empresa de la Naval? Quizá sean las tres cosas. Pero, cuando una decisión económica se basa en criterios de oportunidad política, mal asunto. Tomamos nota: empieza a estar claro que en esta España sólo se puede conseguir algo a base de intransigencia y de presión.